Injusto y traidor

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

SI NOS DEJÁSEMOS llevar por el dolor y la rabia, diríamos que el mar es traidor. Que es un Judas felón e intrigante. Si nos dejásemos llevar por el desconsuelo y la angustia, diríamos que el mar es desagradecido, ingrato e injusto. Que es desleal con quienes han hecho de sus vidas un compromiso con él. Que es verdugo para con sus amigos. Tan injusto y traidor es el mar que no ha reparado en llevarse la vida de diez gallegos cuyos rostros nos eran familiares porque protagonizaron una de las batallas más épicas por la decencia de un país. Los tripulantes de O Bahía se erigieron en héroes, combatiendo el chapapote, despertando conciencias, y alertándonos de los peligros que entrañaba la marea asesina. Ellos hicieron que la tragedia tuviera un reverso luminoso. Con su patrón al frente. Hermindo Castro nos denunció del abandono de quienes tenían la obligación de afrontar la situación. Quizás fue a ellos a los que vimos llorar al ver cómo se estaba destruyendo nuestro mundo. Pero el mar no entiende ni de amistades, ni de compromisos. Si lo hiciese no habría truncado la vida de diez familias, tragándose O Bahía . Y llevándolo a reposar, desdichadamente, entre las Sisargas y Punta Roncudo, uno de los lugares más dañados por la mancha negra y también más emblemáticos de una catástrofe que marcó nuestra existencia. A los gallegos, las cicatrices más profundas nos las ha dejado siempre el océano. Con tragedias como la que vivimos. Pero ésta además, con la particularidad de demostrarnos que el mar es ingrato y traidor hasta para con los suyos. Por eso no basta con llorar. Estamos en deuda con la tripulación de O Bahía . Lo estamos porque eran gallegos, porque eran trabajadores y porque eran hombres de mar. Y lo estamos también porque supieron señalarnos el camino de la dignidad.