HACE UN AÑO la prensa europea (sobre todo, la francesa) ponía el énfasis en el incremento de la brecha atlántica, como consecuencia de las diferencias entre EE. UU. y el eje franco-alemán respecto de la guerra de Irak. Ahora es la prensa estadounidense la que, con motivo del 60 aniversario del desembarco de Normandía, que se celebra el próximo 6 de junio, ha sacado la cuestión a relucir, con trabajos informativos que acreditan un progresivo distanciamiento. Tony Judt, director del Remarque Institut de la Universidad de Nueva York, sostiene que el siglo XXI no ha empezado bien porque Europa y EE. UU. están casi tan separados como antes de la II Guerra Mundial y ni sus preocupaciones ni sus caminos son los mismos. ¿Es algo irreversible? Muchos analistas creen que sí, al menos a corto plazo. Sin embargo, casi todos coinciden en señalar la pérdida que ello supone, tanto para EE.UU. como para Europa. La alianza atlántica fue el trabajo de una generación de hombres de Estado de ambos lados del océano que eran muy conscientes del peligro que corría el mundo y tenían claramente identificado al enemigo (primero el fascismo; después, la URSS). La actual ausencia de desafíos comunes y de diagnósticos compartidos sobre los riesgos de hoy es la responsable de la vigente debilidad del vínculo trasatlántico. Sin embargo, sorprende que no se responsabilice de esto al giro copernicano que impuso en política internacional la Administración Bush. Es como si se quisiese identificar antibushismo con antiamericanismo. Y es un error. El próximo día 6 se reunirán en la costa de Normandía los presidente de EE. UU. y de Francia acompañados por los líderes de Reino Unido, Canadá, Polonia y Alemania para conmemorar el sesenta aniversario del Día D del desembarco. ¿Tendría sentido que se reuniesen para celebrar una separación? No. El verdadero sentido está en las playas de Normandía, donde Bush aún puede aprender que amistad no equivale a imposición, y donde Chirac debería ser capaz de ver mas allá de la grandeur de su nariz para darse cuenta de que EE.UU. y Europa forman todavía la mejor parte del planeta. Y con esto no se juega.