NO HACE MUCHO, tal vez un par de semanas, paseamos por el cementerio del Père Lachaise mi mujer y yo con nuestro hijo Manu y el pintor Wozniak, como hacemos de pascuas en ramos. Lo primero que vimos fue la tumba de Chopin, que cuadra a la izquierda según se entra por el bulevar. Una simple estela con su nombre y basta. Pegadita a su lado la de Petrucciani. Ahí la estela es más imponente y el texto choca con el del pobre autor de las Polonesas : «Michel Petrucciani. Pianista y compositor». Vanidad, todo es vanidad incluso post mortem . Con su humor sarcástico y encubierto, me contó Jorge Luis Borges que en un coloquio celebrado en Berlín, donde participaban los escritores más importantes de América Latina, el riguroso orden alfabético hizo que se tuviese que presentar después de Miguel Ángel Asturias. Éste detalló al por menor los méritos que lo agobiaban: autor de tantas y tales novelas, de incontables cuentos, de miles de artículos, embajador de Guatemala, premio Nobel, etcétera. Salió el ciego tímido y famoso, y con su vocecilla velada dijo: Jorge Luis Borges, argentino, autor de algunos cuentos. Otra respuesta modesta y corrosiva la tuvo ante mí Juan Carlos Onetti, cuando le pregunté por qué, a su entender, el premio Rómulo Betancour había recaído en La casa verde de Vargas Llosa y no en la suya Juntacadáveres . El escritor uruguayo me explicó con malicia: es que en mi prostíbulo no hay acordeón y en el de Mario sí. El número de personas que reposan aquí es incontable, desde Eloísa y Abelardo hasta La Fontaine, el doctor Guillotin, Delacroix y Jim Morrison. Luis Buñuel rodó en el Père Lachaise las últimas escenas de El fantasma de la libertad , y aquellas profanaciones a cargo de un responsable del orden público tuvieron su precedente: el militar Francis Bertand ya había sido sorprendido con las manos en los cadáveres de las jóvenes recién enterradas. Los perros pierden el sentido de la orientación entre las tumbas, y según los espiritistas, los gatos se cargan con flujo maléfico , ideal para las sesiones de magia negra. Se les persigue por los senderos del camposanto para ser inmolados sobre algún mausoleo, cuyos más floridos -todo el año con ramos y coronas- son los de Allan Kardec y el de Papus. Gérard Encausse nació en Coruña el 13 de julio de 1865 de padre francés y madre vallisoletana. Estudió química, medicina y la filosofía de los Rosa Cruz. Adoptó el pseudónimo de Papus en homenaje al genio de la primera hora del Neuctameron de Apolonio de Tiana. Fue uno de los grandes teorizadores del ocultismo. Pasó toda su niñez en Galicia, lo cual explica su orientación posterior hacia la brujería, porque si le contaron historias de meigas y de trasgos como a mí, estaba más que listo para ahondar las teorías de Allan Kardec. Este es el coruñés ilustre del que les quería hablar; pero me fui por las ramas y el santo al cielo; de modo que les propongo seguir en una de las crónicas venideras.