ESTADOS UNIDOS se ha empantanado en Irak, como ya analizábamos en un artículo anterior. A esto se añade que Bin Laden encontró en la lucha contra la presencia estadounidense en el mundo islámico la razón para declarar una guerra sin cuartel, con diversos atentados, sin olvidar que el gran aliado en la zona es Israel, que libra otra guerra en paralelo también contra los árabes. Después de dos guerras, en las que se alcanzaron fácilmente los objetivos de desalojar a los ejércitos iraquíes de Kuwait y liberar a Irak del régimen baazista de Sadam, ahora están perdiendo la guerra de la opinión pública. Como ha dicho el general Charles Svannack, han conseguido victorias tácticas, pero no las estratégicas, y así no se puede ganar la guerra que Bush dio por liquidada hace un año. El bando de la resistencia está librando bien sus bazas, pero éstas son coyunturales, porque con Bush o sin él, los norteamericanos no se van a ir de Irak hasta que un nuevo Gobierno democrático los acepte como fuerza protectora y se firme un tratado de amistad y cooperación, como los que tienen en otros países del mundo islámico. Dentro de treinta días la ONU (el argelino Brahimi) va a constituir un Gobierno provisional al cual los norteamericanos van a entregar la soberanía de Irak. ¿Qué significará esto? Pues que el Gobierno iraquí será el responsable de poner orden y seguridad en las ciudades y que los norteamericanos se van a quedar como reserva en sus bases militares. En unos meses más Irak tiene que aprobar una Constitución y elegir un nuevo Gobierno. Cada vez se aprecia más la urgencia de estos dos pasos esenciales. Lo primero que tiene que producirse es un nuevo mandato de la ONU que facilite un compromiso internacional, para que los europeos y los rusos puedan participar. Esta sería la victoria geopolítica y geoestratégica occidental que permitiría poner democracia donde reinaba la tiranía. Irak podría y puede ser un gran país, en vez de una gran amenaza. Los iraquíes no están contaminados con el odio todavía. Sólo quieren vivir en paz y gozar de sus riquezas -petróleo y agua- que la naturaleza tan profusamente les ha regalado. Sinceramente, comprendo que existen muchas dificultades, para lograr esta empresa que puede asentar la paz mundial. Ante todo debe lograrse un acuerdo entre Israel y Palestina; entre los kurdos, chiíes y suníes; entre franceses, alemanes, rusos y norteamericanos; entre los países productores de petróleo y entre las tres religiones monoteístas. El terrorismo va por otro lado y esa lucha será más larga. Pienso que si el hombre ha sido capaz de llegar a la Luna, ¿no será capaz de vencer estas dificultades? El tiempo lo dirá.