OIGO lo de Matamoros y me acuerdo de Miguel Hernández y su ¿Rascacielos?... ¡Rasca... leches! como ejemplo de guerra a la incongruencia o indignidad entre el verbo y su complemento. Un apóstol de Cristo no es sujeto del verbo matar ni siquiera para un Santiago Matachinches. Pero la imbecilidad y la indignidad son contagiosas: Santiago empieza matando moros en Clavijo, pasa a matar compostelanos rebeldes contra la Mitra, viaja a matar indios en América y termina el viaje matándole españoles a los americanos que se independizan. Santiago Matamoros es ejemplo sobresaliente de que el Segundo Mandamiento del Sinaí necesita una corrección de fondo, pues lo de decir que se usa «en vano» el Nombre de Dios y todo cuanto de Él depende es una simpleza y los usuarios serán los primeros en alegar que no lo usan «en vano», sino con unos réditos y provechos que han hecho de la manipulación de la Religión la operación financiera número uno de la Mamandurria Universal. No hubo batalla de Clavijo, ni Apóstol a caballo, ni documento regio auténtico con el Voto o tributo, sino una patraña de canónigo compostelano cuco, una operación financiera ante la que hay que descubrirse porque desde el siglo XII hasta 1834 el tal Voto acarreó para Mitra y Cabildo millones y millones que pagaban los chaíñas que siempre pagan estas alegrías piadosas de los del piso de arriba. El Mito de Santiago fue necesario y eficaz, y ahí está toda su verdad ¡y no es poca!, en los siglos VIII al XI entre gentes angustiadas por la presión musulmana y que necesitaban algo a que aferrarse. Ese algo fue el patronazgo, la tumba, el camino... pero de un Santiago apóstol y maestro, un Santiago mártir y peregrino, sin másters de equitación ni ventoleras de espada. Las ventoleras vienen después, con las trapisondas en que Carlomagno se pasa por la piedra los moros a millares y, sobre todo, con el Milagro XIX del Calixtino, cuando el griego Esteban reprende a quienes llaman caballero, y no pescador, a Santiago, pero ¡vaya por Dios! Santiago se le aparece armado, promete la conquista de Coimbra (año 1064) y patatín y patatán... Inmediatamente después todo el amasijo de falsedades que ya comenté, el uso que no fue nada «en vano». La predicación de Santiago en España, la traslación de sus restos, su tumba, su culto, su catedral y su camino de peregrinación son operaciones de sentimiento religioso. Lo de Clavijo y el Voto huele a Monipodio, todo Monipodio y sólo Monipodio, desde el primer momento. Si hubiera milagros a caballo, sería el de repetir la expulsión de los mercaderes. Pero toda la historieta es agua pasada y Santiago Matamoros está en el Patrimonio Histórico-Artístico y al que no le guste que mire para otro lado. Será de necio gusto y escasa caridad enfouzarse hoy en novenas y procesiones de Matamoros, pero será infantil andarse con repulgos que, puestos a repulgarnos, no dejan en pie ni la sonrisa de Mona Lisa, no vaya a ser que estuviera riéndose del Papa.