La lucha por el titular

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

JUAN FERNANDO López Aguilar, ministro de Justicia, debió de preguntarse qué es un ministro sin un titular de primera en su cuaderno de bitácora, en su agenda personal, en el borrador de sus memorias o en esa dinámica de subyacentes masas tectónicas que son los consejos de ministros. De modo que decidió alcanzar un titular de primera con una frase rotunda: «No habrá indulto para los agresores de mujeres». Pues, hombre, no faltaría más. Podría haber añadido que su ministerio no escatimará esfuerzos para anular el afecto que conserven por los maltratadores algunos de sus seres queridos, ni para evitar que ganen las partidas de mus en las que -eventualmente- participen mientras se pudren en la trena. Por otro lado, el indulto es algo tan excepcional e incluso tan sobrenatural, si se quiere, que más vale hablar lo menos posible de semejante recurso para mejor asegurar su adecuada administración del modo más lacónico. Pero, ¿había pedido alguien el indulto para tan execrables sujetos? ¿Se sabe de alguna institución o persona que haya sugerido la oportunidad de contemplar lo idóneo del indulto cuando se habla de semejantes criminales? ¿Hay algún otro modo de ocupar un espacio con palabras más gratuitas y vanas? Sí, hay muchos otros modos. Por ejemplo, el puesto en práctica por el ex presidente Aznar en su gira más o menos privada por los salones del Gobierno de los Estados Unidos. La diferencia estriba en que la puntualización del contra indulto es una promesa programática de todo un ministro de Justicia, mientras que las cosas que dice Aznar en los Estados Unidos son una expresión opinativa de las convicciones de un ciudadano particular con todo el derecho a enredar y a darse particularmente por aludido. Quien no tiene tanto derecho a darse ni a dar a los españoles por aludidos es Josep Borrell, candidato del PSOE al Parlamento Europeo. Aznar no es desleal a nadie con sus opiniones, tan sólo, quizá, a él y al sentido de lo oportuno y discreto que pueda encerrar su opinión para con sus conmilitones. Zapatero lo ha dejado bien claro: allá le vaya muy bien a Aznar con lo que tenga a bien decir, para lo que le sobran derechos como ciudadano aunque puede que no tanto como ex presidente. Claro que si uno llega a ex presidente para callarse la boca, pues ya me contarán ustedes. Dentro de ese afortunado clima de derechos y deberes, el ciudadano vive en la garantía del derecho a poner a parir a su Gobierno en cuanto le venga en gana, al igual que un miembro de ese Gobierno vive -o reside temporalmente- en el deber de defender ese Gobierno o dimitir si se le agotan las ganas o las fuerzas para hacerlo. Por eso sorprende que Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno, asegure que «el Gobierno es decente». Lo singular y pasmoso habría sido que lo acusara de indecencia. Pero la lucha por el titular es cruda, y son escasos los cargos que viven sin esa obsesión. Rosa Regás, nueva directora de la Biblioteca Nacional, se ha apresurado a anunciar su descubrimiento de dos nuevos idiomas: el peruano y el colombiano.