CARLOS G. REIGOSA
17 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.LOS señores de Hollywood son algo más respetuosos con la historia de Troya que Bush con la de Irak, es verdad, pero no mucho más. La película sobre la guerra de Troya, perpetrada por la Warner y estrenada este fin de semana, casi convierte en unos perfectos desconocidos a Héctor, Aquiles, Ulises, Menelao, Príamo, Agamenón y, por supuesto, Helena. Su capacidad transformadora trueca a estos personajes en unos obsesos de la posteridad, que llaman inmortalidad con una anticipación bélica increíble, sobre todo en el caso de Aquiles, transfigurado en un guerrero pensador que sólo dialoga con el amor y con la muerte que inmortaliza. No, no respetan a la historia narrada por Homero ni les importa un comino la real planta de sus personajes. Brad Pitt encarna un niñato Aquiles simplificado en exceso, caprichoso e insensato, y Héctor parece cualquier cosa menos un sólido guerrero. Pero, dicho esto, hay que felicitarse por poder ver películas de este aliento, en un momento en que el séptimo arte español vuelve a afincarse en el territorio de la comedia de situación. ¡Que viva Troya, aunque arda! Al menos, este filme está a salvo de la enfermiza intimidad que mantiene a nuestro cine en una eterna pubertad.