Renunciando a la historia

| PEDRO ARIAS VEIRA |

OPINIÓN

ME HABLABA el otro día un colega de la pereza para escribir tras los sucesos de marzo. Tenía sensación de que hoy razonar es inútil, lo único que importa son las sensaciones fuertes y maniqueas: bombas por un lado y Zapatero por otro; torturas en la apertura del telediario y siempre una amable cara gubernamental para cerrarlo. No es de extrañar que el personal ande alelado, lo acaba de certificar el Centro de Investigaciones Sociológicas. La tercera parte de los españoles ya no sabe lo que votó hace tan sólo un par de meses. Incluso los que votaron al PP creen que lo hicieron por el PSOE. El respetable no se saca el miedo del cuerpo; le llega un encuestador por la puerta, le pregunta si vio el debate de investidura y, cogido en irresponsabilidad cívica flagrante, porque lógicamente no lo siguió, no se limita a contestar un cuestionario sino que se rinde a cantar lo que haga falta. José Blanco está que se sale, ahora el CIS no sólo refleja la realidad sino que la fabrica, la reconstruye y la anticipa. Para algunos, si Irak no existiera habría que inventarlo. La izquierda internacional le está sacando más petróleo electoral que toda la producción anual de la OPEP. Y sólo porque hay escasez de los Tony Blair. El británico acaba de provocar el cese del director del Daily Mirror , periódico sensacionalista progre , por falsedad en la publicación de las fotos sobre las torturas. Ya había desautorizado a un buque insignia del Santa Santorum mediático, a la mismísima BBC , por deformar los hechos en el caso de las armas de destrucción masiva. Y aun encima tiene las agallas de afirmar que la historia le dará la razón y que las dificultades de instaurar una democracia en Irak son el coste necesario para el avance de la humanidad. Curiosamente lo apoya un Premio Nobel de la Paz, José Ramos Horta, que defiende la necesidad de la guerra frente al despotismo para alumbrar la libertad y la vida. Como ya dijera nuestro adelantado padre Mariana. Y piensa que, pese a las torturas, eso es lo que se intenta en Irak. Por lo que lamenta la retirada de los españoles, que deberían ser muy conscientes del valor de la democracia. Pero como apenas hemos luchado de verdad por ella, no le damos importancia. Estamos viviendo en la ignorancia satisfecha, rehuímos las complejidades y las verdades incómodas. Pocos saben que en Irak están treinta naciones de las más democráticas de la tierra -no sólo el estereotipado trío de las Azores-, trabajando por alumbrar la libertad para 25 millones de personas que sólo conocieron la opresión y la mentira. Y después de Irak, al resto del mundo árabe, que no tiene problemas de fundamentalismo ni de irracionalidad congénitos. Sólo carecen de libertad, de oxígeno para la inteligencia y la autenticidad. Pero no les vamos a ayudar. Una vez más hemos renunciado a la historia solidaria. De nuevo volvemos al esperpento; aunque esta vez de rostro inane y modales programados.