Abu Ghraib y el horror

OPINIÓN

SON MUCHOS los lugares de Irak bautizados con la sangre y el dolor de las víctimas del régimen del Baaz. Son cientos las paredes que han presenciado los bárbaros actos de crueldad de Sadam Huseín y sus secuaces durante las décadas de terror que su dictadura impuso al país. Son decenas los enterramientos desperdigados de los que murieron tras haber sufrido torturas, vejaciones, violaciones y mutilaciones. Sin embargo, ninguno de estos macabros emplazamientos provoca tanto pavor en los iraquíes como Abu Ghraib. Abu Ghraib es más que un lugar maldito cuyo nombre los iraquíes ni se atreven a pronunciar. Es el santuario del mal, la injusticia y la perversión. En tiempos de Sadam, el infeliz que entraba acusado de algún supuesto delito de índole política sabía que tenía poquísimas posibilidades de salir vivo de allí. Más de un año después del derrocamiento de Sadam y la invasión anglo-norteamericana de Irak poco parece haber cambiado en Abu Ghraib salvo por el deterioro de las precarias garantías legales y el idioma de los vigilantes. Más que antes, mientras miles de detenidos aguardan sine die en su interior a que un abogado o un familiar puedan tener la oportunidad de visitarles, decenas de miles de familiares se agolpan a las puertas intentando averiguar si su ser querido está detenido allí o en otro lugar. A esta peculiar aplicación de la ley marcial a civiles se une la constatación gráfica de lo que aquéllos que salieron de Abu Ghraib habían gritado a los cuatro vientos: que algunos soldados norteamericanos que los custodiaban amenizaron sus duras horas de trabajo vejando, torturando y, parece ser, sodomizando a los infelices prisioneros. Puede que Abu Ghraib ejerza una influencia perniciosa, puede que la incapacidad norteamericana para garantizar la seguridad del país y el creciente número de bajas ejerzan una gran presión sobre ellos pero, nada justifica este salvajismo de los malos vencedores. Si esta es la liberación de la que tanto se vanaglorian mejor hubiera sido que nada hubiera cambiado, ya que actos así hacen que hasta Sadam no parezca tan canalla.