Vidas asimétricas

X. ÁLVAREZ CORBACHO

OPINIÓN

DESPUÉS de analizar críticamente la existencia de asimetrías relevantes en determinados impuestos (IRPF) y en la financiación municipal, queremos recordar hoy las desigualdades injustificables que soporta la mujer en su horizonte vital: ya sea en el ámbito familiar, laboral, económico, social o político. Todavía demasiadas mujeres padecen un trato vejatorio y subordinado -alimentado de valores tradicionales y de inconfesables relaciones de poder- que es radicalmente incompatible con una sociedad culta, libre y moderna. Es otra insoportable asimetría estructural que caracteriza a nuestra sociedad y que se reproduce con silencios excesivos y políticas estériles. En el ámbito económico y político las cifras son demoledoras. Así, el paro femenino casi duplica al masculino; en el sector privado las mujeres tienen un salario que es el 20% inferior al que reciben los hombres por realizar trabajos similares; buena parte de la economía sumergida se nutre de empleo femenino con salarios miserables; las alcaldesas gallegas no llegan al 5% del total; conciliar trabajo familiar y laboral sigue siendo una pesadilla; cuidar niños, jóvenes sin trabajo ni vivienda, personas mayores o discapacitados, también descansa en las espaldas de la mujer; un tercio de los hogares gallegos tienen ya como primera fuente de ingresos los recursos que aporta la mujer. En lo que atañe a servicios sanitarios que atienden la salud y la reproducción, las cosas tampoco están bien. Así, la tasa gallega de mortalidad materna (por embarazo, parto y puerperio) es un 23% más elevada que la media española, circunstancia que a su vez genera estancias hospitalarias más dilatadas. Y lo mismo sucede con la mortalidad por cáncer de cuello de útero o con las cifras del sida por contagio sexual. Esto se explica en buena medida porque los programas y servicios de educación e información sanitaria a la mujer son insuficientes, por deficiencias notables en la atención primaria y ginecológica y porque el denominado Plano integral de atención sanitaria e social á muller (del año 1999) todavía no funciona. Y por último está la violencia doméstica. Expresión primaria o refinada de una cultura de posesión y terror. Minusvalorada por la sociedad y no reconocida por el violento. Que afecta a personas de toda clase y condición. Que se manifiesta primero mediante la tortura psicológica (insultos, prohibiciones, amenazas), con agresión y violencia física después, a las que sigue en ocasiones la muerte y el suicidio. Es otro drama asimétrico de nuestra convivencia sustantiva, soportado por silencios infinitos. Alimentado de inercias y complicidades múltiples que dejan en cueros la inmensa fragilidad de nuestras estructuras sociales básicas.