PRODUCE deleite y sosiego escuchar al presidente de tu comunidad decir que Zapatero vendrá a Galicia como Gobierno amigo. Produce satisfacción prestar oídos al conselleiro Núñez Feijóo decir que nunca dudó del cumplimiento del Plan Galicia. Reconforta pensar que los buenos modales han recuperado el espacio perdido. Acostumbrados como estamos a sobrellevar a Acebes, con su retahíla de calificativos de miserables, indecentes, mediocres e incompetentes, se agradece la cortesía, la comprensión y la corrección. De forma especial si llegan de la mano del tan debatido Plan Galicia que, en el fondo, ni el más optimista se acaba de creer. Pero la cortesía no siempre viene escoltada por el sentido común. Y las buenas maneras nos llegan disfrazadas, en ocasiones, de actitudes y comportamientos que cuando menos resultan altamente provocativos. Es lo que acaba de ocurrirnos con el anuncio de la constitución de una comisión parlamentaria de seguimiento del plan de la propina concedido a Galicia. Es tan llamativo como injustificable que los mismos que hicieron valer su fortaleza para rechazar día tras día, la constitución de cualquier comisión relacionada con el carrusel del Prestige , se erijan ahora en veladores de un plan de obras. Sus comportamientos varían en función de la borrasca de las Azores. Porque al margen de poner de manifiesto su escasa rectitud y justicia, la comisión es una pérdida de tiempo. Aquí el seguimiento, el único seguimiento, lo ha hecho este periódico. Desde el mismo día de aquel espectacular anuncio en María Pita. Los gallegos pudieron seguir los cumplimientos y olvidos en estas mismas páginas. Cuando era responsabilidad del PP y cuando lo es del PSOE. Sin atender a tendencias ni a colores. Eso es lo que deben de hacer los demás. No jugar a oportunistas.