PSOE Y BNG en la nueva encrucijada

| ARTURO MANEIRO |

OPINIÓN

YA ESTAMOS metidos de lleno en una nueva etapa política española, nueva y algo convulsa, con epicentro en Madrid y Cataluña, pero con vibraciones en Galicia. Estos movimientos van a provocar una renovación en el PP, pero cogen de alguna forma descolocados al BNG y al PSOE. Veamos. Se aprecia un claro desconcierto en las filas del Bloque. Los nacionalistas aún no asimilaron el relevo de Beiras y Quintana no acaba de cuajar. Los resultados electorales no les son favorables y la coyuntura política no les facilita las cosas. El BNG ha quedado sin protagonismo porque no son necesarios en Madrid y pueden caer en el papel de comparsas sin contraprestaciones. Quintana criticó negativamente el discurso de investidura de José Luis Rodríguez, pero votó a favor. Esto puede suponer también que el BNG caiga en el entreguismo, que se olvide de reivindicar, de exigir, de recordar que Galicia no debe quedar ahora olvidada, que el Plan Galicia debe seguir adelante, que un auténtico patriota gallego no puede callarse si se margina a Galicia por el hecho de que el Gobierno central sea de izquierdas o que no sea del PP. Las necesidades siguen siendo las mismas, la prosperidad de Galicia no puede quedar relegada ante satisfacción de comprobar que ya no Gobierna el PP en Madrid. Se supone que los intereses de Galicia están por encima de partidismos, de ideologías, o por lo menos eso es lo que siempre han dicho. Menos mal que Camilo Nogueira se ha comprometido a traer ahora las ayudas de Europa para las grandes obras de infraestructuras que necesita nuestra comunidad autónoma. Por lo menos es un alivio ver que no todo el BNG se olvida de defender los intereses de Galicia. Está claro que los parlamentarios autonómicos del Bloque no han querido respaldar la moción del PP para exigir al nuevo presidente socialista que confirmara su compromiso con el Plan Galicia. También por parte del PSdeG-PSOE, su secretario general, Pérez Touriño, ha quedado un poco tocado con la formación del Gobierno central, donde no ha conseguido entrar ni colocar a sus hombres, cosa que ha logrado ampliamente Abel Caballero. Quizás por eso Touriño se muestra con frecuencia crispado, crítico, nada dialogante, no busca consenso. Por eso sus parlamentarios están obsesionados por mostrar su cara más arisca, más agresiva en los medios de comunicación. En definitiva, mantiene un actitud contraria al diálogo y al «otro talante» que se ha impuesto en Madrid. Quizás ahora buscan o pretenden la marginación de Galicia hasta que manden ellos. Quizás todo esto se podrá solucionar con el diálogo ente Fraga y Rodríguez Zapatero. Quizás en esa conversación se concrete más la idea del gallego Pepe Blanco cuando asegura que el Plan Galicia se va a mejorar y ampliar: Para que sean creíbles, estas afirmaciones necesitan concretarse en unos plazos y en unos proyectos tangibles. En caso contrario, acabaremos creyendo que el PSdeG-PSOE y al BNG no les importa el futuro de Galicia.