Mucha agua, poca Galicia

| LUIS VENTOSO |

OPINIÓN

15 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EL FUTURO presidente, el leonés Zapatero, y el líder de la oposición, el gallego Rajoy, dedicaron ayer largos minutos a debatir sobre el Plan Hidrológico Nacional. Se trata de un proyecto de infraestructuras que afecta a la España oriental; ya saben: la rica, la que más crece. El presidente en ciernes también expresó un compromiso de Estado con el esfuerzo olímpico de Madrid y con el Forum Barcelona 2004, un invento vaporoso y de nuevo cuño, que le está haciendo una tremenda luz de gas a ese hito secular, asentado, paneuropeo y valiosísimo que es el jacobeo. ¿Y qué tal le fue a Galicia en el debate? Pues como casi siempre: una levísima nota a pie de página en esa política llamada estatal que se guisa en Madrid. En la víspera del debate de investidura, el Parlamento gallego (PSdG y PP, pues el BNG estaba soliviantado por una zaranzaja reglamentaria y se abstuvo) había aprobado una declaración apremiando a Zapatero para que se comprometiese expresamente con el Plan Galicia . El esperado compromiso en el Congreso se quedó al final en una cita muy de pasada, situando un proyecto vital para Galicia a la altura de unas obras locales en Canarias. En cuanto a Rajoy, tampoco tiró demasiado por su tierra: imploró riego para el Levante, pero sólo hizo una mención circunstancial al Plan Galicia . El Plan Galicia es imperfecto y mejorable, claro que sí. Pero supuso algo inédito: por una vez, el Estado se paró a pensar en esta esquina y le recetó un tratamiento de choque para ponerla en condiciones de competir con la España más pujante. Si Galicia no aprieta ahora, el plan puede volar. Y el problema es que, a día de hoy, la única alternativa que nos dan se llama... humo.