¿Sirve la OTAN?

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

12 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LAS BANDERAS de siete países que hasta hace unos pocos años militaban en el desaparecido Pacto de Varsovia ya ondean en los mástiles del Cuartel General de la OTAN, junto con el resto de los diecinueve aliados. Así, la Alianza Atlántica se compone ahora de veintiséis naciones comprometidas en la defensa de los valores occidentales, derechos humanos y democracia liberal que, precisamente, están siendo atacadas. Si en tiempos de la guerra fría la OTAN sirvió para defenderse contra la amenaza soviética en la Europa dividida, ahora esta alianza de seguridad colectiva ha de servir para hacer frente al terrorismo islámico, firmemente decidido a destruir y obstruir las formas de vida y desarrollo occidentales. Por eso es bueno que nuevos países se sumen a la tarea de dar seguridad a nuestra sociedad europea, bajo el lema de «la unión hace la fuerza». Es verdad que la campaña de Irak ha producido fracturas importantes en la alianza occidental, pero también es verdad que la OTAN está funcionando en la seguridad de los Balcanes (Bosnia y Kosovo), en Afganistán y en el mismo Irak, donde apoyan a la división polaca. La OTAN se responsabiliza también de misiones especiales, con la protección antiterrorista de los dos próximos eventos de amplia repercusión mundial que se van a celebrar en Europa: la competición europea de fútbol en Portugal y los Juegos Olímpicos de Atenas. Ambos acontecimientos suponen un riesgo de seguridad y bueno es que un organismo supranacional, como es la OTAN, se responsabilice de la seguridad antiterrorista. Los miembros de la Alianza Atlántica se han comprometido además a proporcionar y compartir medios fundamentales en este tipo de lucha: la inteligencia y la defensa contra las armas nucleares químicas y biológicas. Es evidente que el clima de inseguridad que está comenzando a afectar a las sociedades occidentales encontrará en la OTAN de veintiséis países una base de confianza muy necesaria. Este instrumento de seguridad colectiva ha funcionado en el siglo XX, en una situación mucho más comprometida para la paz, y, por tanto, debe servir para afrontar estas nuevas amenazas.