Marihuana

ASSUMPTA ROURA

OPINIÓN

SE VIENE pidiendo desde hace tiempo pero no hay manera de conseguirlo. En nombre de una confusa moral se entorpece su consumo. Me refiero a la marihuana, esa droga utilizada durante siglos para usos terapéuticos y condenada a la oscuridad hace poco más de sesenta años, para regocijo y beneficio de impostores y de quienes trafican con lo prohibido. Debía ser al finalizar los años setenta, lo recuerdo muy bien, un argentino presumía de haberse hecho rico vendiendo mate por marihuana en Barcelona. Es sabido y se ha demostrado que los efectos del consumo de la planta maldita en enfermos de cáncer de mama, esclerosis múltiple, fibromialgia o sida son muy beneficiosos, puesto que alivia el dolor, cuando no lo suprime, reduce las náuseas que provoca la quimioterapia, aleja la ansiedad, facilita la relajación y el sueño, etcétera. Ahora, un informe elaborado por el Colegio de Farmacéuticos de Cataluña sobre el uso ilegal de esta droga en sectores de población aquejada de las enfermedades mencionadas da fe de la necesidad de legalizar su consumo con fines terapéuticos y evitar con ello la culpabilidad en el paciente, que bastante tiene con lo que tiene, la dificultad de dar con el remedio y el uso inadecuado, según los casos, por falta de información. El Govern de la Generalitat ha tomado nota y se ha comprometido a proponer al Gobierno una propuesta para llevar a cabo un plan piloto en Cataluña. Este plan no contempla la posibilidad de abrir laboratorios para tal fin en España, antes bien la importación de Holanda del producto, que se dispensaría en determinadas farmacias y siempre bajo estricta vigilancia médica. Hoy, siguiendo el estudio, 52% de enfermos de cáncer, un 9% de esclerosis múltiple, un 9% de sida o un 8% de afectados de fibromialgia consumen el producto que adquieren como pueden, si es que pueden, que no a todos les es dado el conocer los mecanismos subterráneos de funcionamiento. La obligación de la medicina, cuando no puede curar, es aliviar el dolor, principio moral y de justicia que algunos perversos moralistas torean a su antojo. A mí me da vergüenza vivir en un mundo en el que hablar de armas de destrucción masiva es moneda corriente, mientras yo he de trajinar arriba y abajo para hacerme con un poco de maría que alivie la corrosiva quimioterapia a mi mejor amiga.