HUMILDAD, prudencia y austeridad. «Aseguro que cumpliré». Estas palabras han sido pronunciadas como el título de la nueva etapa del próximo Gobierno socialista presidido por Zapatero. Sigo afirmando que las elecciones se decidieron en 72 horas, tras la barbarie terrorista y la gestión pública que sobre la misma hizo el Gobierno. Sigo empeñado en que fueron los jóvenes, espoleados por los hechos y las declaraciones, quienes con su presencia en las urnas dieron el vuelco a las encuestas. No se juzgó cada programa en oferta. Ni siquiera la capacidad de cada partido para resolver los dos grandes problemas de la juventud: precariedad laboral y acceso a la vivienda. Los jóvenes sancionaron con un voto, coyuntural, la fama de los políticos como gente sin palabra, capaz de mentir y manipular, egoístas y trepas . Pero esta vez capaces de habernos metido en una guerra que se trasladó desde el Oriente hasta las calles de Madrid. Puede que a partir de ahí pesara más lo malo que lo bueno de un período de administración del poder y sus resortes para hacer país y garantizar los derechos de la ciudadanía. Y eso que nadie serio puede negar el avance de nuestra nación en estos últimos ocho años. La cuestión es la necesidad, a la que habían renunciado, de muchas personas de exigir a los políticos y a los partidos políticos cambios en profundidad en el sistema democrático, para poner fin a determinadas conductas y a determinadas carreras de trileros . Piensen que por estas mismas razones se puso fin al período de gobierno de Felipe González. Y no simplifiquemos. No todos los políticos son iguales. No todos los ciudadanos que militan en los partidos son iguales y persiguen lo mismo. Hay gentes con espíritu de sacrificio y entrega a la causa pública. Hay quien lleva a la política las alforjas llenas de trabajo y experiencia, lo mismo que hay quienes las llevan vacías y las llenan durante su periplo institucional. Hay quien cuando ocupa un escaño ya es ilustre, y hay quien cuando lo ocupa siente el vértigo de haber pasado de la nada al infinito. Volveremos a sentirnos decepcionados. Una cosa es predicar desde la oposición cambios espectaculares, desde el simple ejercicio de la oferta en el papel, y otra bien distinta enfrentarse con el día a día del ejercicio de gobierno, con sus compromisos o con los límites de la realidad presupuestaria.