CARLOS G. REIGOSA | O |
26 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.NADA es permanente excepto el cambio, dejó sentenciado Heráclito de Éfeso quinientos años antes de Cristo. Y hay que reconocer que el filoso griego encontraría hoy, en nuestra actualidad, numerosos ejemplos de la veracidad de su aserto. Entre otras muestras, y no sería la menor, figuraría la disposición del máximo líder libio, el coronel Muammar el Gadafi, de consumar su vuelta a la legalidad internacional tan rápido como sea posible. El último espaldarazo acaba de dárselo el primer ministro británico, Tony Blair, al visitarlo este jueves en Trípoli. El líder británico subrayó la voluntad de Gadafi de «hacer causa común con nosotros contra Al Qaida, los extremistas y el terrorismo», como continuación del proceso de desarme pactado en diciembre por Libia con EE.?UU. y el Reino Unido. En justa correspondencia, y como prueba de reconciliación, Blair anunció acuerdos de toda índole (políticos, económicos, militares y culturales) y ofreció sus buenos oficios para conseguir que EE.?UU. levante las sanciones económicas pendientes. Con leso se completaría la vuelta al redil del antaño enconado y beligerante enemigo. ¿Es un mensaje para otros líderes, o sólo se trata un cambio aislado?