Caza de brujas en el PP

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

22 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

DECÍA Bieito Rubido en reciente artículo que «los periódicos serios no se hacen eco de rumores». Me va a permitir hoy una excepción para contar algo que, siendo rumor, quizá tenga interés general: es lo que se dice y publica del estado de ánimo del PP después de la derrota electoral. Se cuenta que hay dos sectores: el «marianista» y el crítico. El primero acepta dolorosa, pero resignadamente, el veredicto de las urnas. El segundo ha empezado la caza de brujas. Ha dado un plazo hasta las elecciones europeas de junio. Si en esas urnas se recupera la primacía, no ha pasado nada; pero, si el PP vuelve a ser derrotado, rodarán cabezas. No debe ser casualidad que se hayan publicado en la última semana varios artículos con idéntico título: «La hora de Ruiz Gallardón». Estas situaciones se producen casi siempre detrás de un resultado electoral adverso. Es más: el hecho de que se produzcan significa que el partido está vivo. Pero, en el caso del PP, tienen varios detalles que merecen ser anotados. Son éstos: el PP ha sido un bloque monolítico durante los últimos años; el autor de ese bloque, José María Aznar, sigue como presidente; nadie ha puesto nunca la menor objeción a sus decisiones y palabras; y Mariano Rajoy era hace sólo nueve días el mejor de los posibles, aceptado y aclamado por todos. ¿Se está viniendo abajo todo esto? La solidez del buque-insignia de la derecha ¿depende únicamente de unas elecciones europeas, a las que hasta ahora nadie concedió importancia? Si eso es así, algo falla en el bloque conservador. Ni siquiera Convergencia i Unió entró en un debate interno similar al perder la Generalitat de Cataluña después de casi un cuarto de siglo. Quizá ocurra que el PP, al no haber permitido un ejercicio ordenado de autocrítica en sus órganos colegiados, ahora tiene que ver cómo «se lo hacen», sin control de la dirección, practicado desde los medios informativos, y sometido a los más diversos intereses. Esos intereses afloran descaradamente cuando sus protagonistas no tienen nada que perder, porque el encargado de repartir beneficios ya no se llama José María Aznar, sino Rodríguez Zapatero. Tengan cuidado. Tenga cuidado especialmente el señor Rajoy. Si desde Génova se sigue transmitiendo una imagen de represalia hacia los responsables de su propia campaña, se estará creando un foco de odios. Si alguien empieza a mover la silla de Rajoy, habrá que preguntarse cuál es la solidez mental de quienes hasta ayer mismo lo consideraban su líder más adecuado. Y si la pérdida de cargos oficiales provoca una catarsis, habrá que empezar a decir que esa fuerza política sólo es un partido de poder. No merecen eso. Ni lo merecen sus casi diez millones de votantes.