EN MI PUEBLO, como en otros lugares, se han vivido intensamente los acontecimientos de unas elecciones en las que la barbarie terrorista desencadenó toda suerte de emociones y actitudes. Y, sin embargo, estoy convencido de que, recobrada la serenidad, todos seguimos pensando lo mismo sobre los políticos más próximos, precisamente por conocerlos en su dedicación cotidiana a la causa de la gestión cercana que hace de nuestros ayuntamientos el territorio donde se puede seguir la pista a la eficacia, la honestidad y el acierto para usar el poder democrático al servicio de la calidad de vida de una comunidad concreta, donde queremos seguir viviendo y siendo vecinos. Pasadas las fechas más duras y extrañas que nunca se han vivido en el seno de nuestro sistema electoral, nadie es mejor o peor, ni los modelos económicos, laborales, o sociales, en oferta o aplicándose, más creíbles o menos útiles, que antes del atentado. No es de recibo que la política, la militancia partidaria, incluso el voto empleado el pasado domingo, sean causa de enfrentamiento entre ciudadanos, vecinos, familias. Si algo aprendimos en este país, es que la democracia nos hace iguales ante la urna, soberanos en el sistema para elegir, y capaces de dar la alternativa a los que estaban en la oposición; todo ello con absoluta normalidad. Volvamos a la concordia, al trabajo con fe. Una campaña comienza donde otra termina. Nunca sabremos si el resultado habría sido el mismo sin las bombas en Atocha. Previsiblemente no. Nunca sabremos hasta qué punto, por una vez, los medios de comunicación fueron el instrumento que cambió la voluntad de los que podían hacer uso de su voto, en setenta y dos horas. Los que han ganado deberán demostrar que son mejores que los que estaban. Los que han perdido deberán recobrar el ánimo y la confianza en sus postulados, precisamente por haber estado convencidos de que iban a ser causa de nueva mayoría para gobernar. Y los paisanos, seguir conviviendo y disfrutando de un sistema que a nuestra generación nos ha costado mucho instaurar, ya que en este país, no hace todavía muchos años, no era posible votar. Puede que haya sido la generación de los que nacieron y se hicieron ciudadanos en democracia quienes hayan tenido la última palabra en este período de la historia de nuestro país, que se debatió entre sentimientos, desde un jueves a un domingo.