hablar.bien@lavoz.es LA RELACIÓN de los nombres propios con el artículo determinado varía según los casos. Mientras en unos forman una unidad léxica, de tal forma que el artículo se considera parte del nombre y, por consiguiente, se escribe con mayúscula (El Salvador, Las Heras, La 2), la inexistencia de ese vínculo en otros se refleja en la minúscula del determinativo (el Congo, el Corpus, el Banco de España). Un tercer grupo de nombres propios se emplean sin artículo (Colombia, Pascua, Microsoft) . De un tiempo a esta parte cobra fuerza la tendencia a suprimir el artículo del segundo grupo. Los países que antaño eran el Perú, el Japón y la China se van mencionando como Perú, Japón y China. Y se llega a prescindir de artículos tan imprescindibles como los de los Países Bajos, el Líbano y el Reino Unido. Esa tendencia afecta a los topónimos -hay quien viaja a India en vez de a la India- y a nombres de organismos e instituciones -el sorteo de la Cruz Roja es para algunos hablantes de Cruz Roja -. Se produce sobre todo en los medios de comunicación, posiblemente por un afán de abreviar y de uniformizar los tratamientos de los nombres propios, y en algunos ambientes juveniles. Por ese camino, los diarios españoles pueden acabar titulando como algunos periódicos de ultramar («Audaz detenido evadió custodia en el CDP») y los chicos hablando como lo más granado del pijerío urbano: «Oye, Fefé, ayer vi en plaza de España a una niña de Esclavas con mi primo, el que va a Maristas». En eso estamos.