LOS ESPAÑOLES no nos merecíamos tener que votar el domingo bajo la tensión de un final de campaña salvajemente sacudido por las bombas. Es cierto. Pero el resultado de las elecciones, con la victoria del PSOE, es absolutamente inobjetable, y así se ha reconocido democráticamente. Es una victoria que una mayoría consideraba casi imposible una semana antes y que el 14-M, tras conocerse los resultados, todavía muchos calificaban de inesperada. Sin embargo, detrás de ella no hay una ausencia de datos que la haga inexplicable. Por el contrario, si se sigue la pista de los antecedentes y de las circunstancias que han concurrido, las referencias se vuelven elocuentes. El PSOE había acertado con una serie de mensajes cuya capacidad de penetración social era enorme. Su concepción de una España plural, su defensa de la cohesión y la concordia políticas y su posición contraria a la guerra de Irak ofrecían un fuerte contraste con la rocosa política de Aznar, quien -ahora ha quedado claro- ha administrado mal la mayoría absoluta de que disfrutaba. Los hechos de los últimos días han sentenciado las elecciones, poniendo en valor los méritos conceptuales de la oferta socialista. Algo que podía no haber ocurrido, pero que ha ocurrido. Zapatero ha logrado así algo en verdad novedoso: ganar las elecciones generales en su primer intento como candidato. ZP, el hombre tranquilo, ha conseguido hacerse visible como el contrapunto de la crispación, el político del diálogo y del pacto, el hombre que rehuyó la posición prepotente de «el que no está conmigo está contra mí». ¿Se equivocó Mariano Rajoy en su planteamiento de la campaña? No. Hay que decirlo con claridad ahora que los resultados parecen querer proclamar lo contrario. Fue la suya una campaña inteligente que empezó con una pormenorizada exposición de los datos que apuntalaban su candidatura y que fue ganando intensidad progresivamente. El hecho de que fuese así hace más meritorio el éxito socialista. La derrota de Rajoy se había fraguado antes, en el ejercicio de la mayoría absoluta. Ahora empieza la era de Zapatero, un tiempo nuevo, pero no un tiempo sin problemas. Algo que se llama futuro.