Examen de conciencia

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

ENTRE LOS millones de personas que salieron ayer a la calle había muchos que también estuvieron en las manifestaciones contra la guerra, en las lejanas movilizaciones contra el 23-F y la matanza de Atocha, y en algunos otros episodios que ahora palidecen ante la barbarie que asoló Madrid. Pero también había gente que estuvo de acuerdo con la guerra, que saludó a Tejero brazo en alto, o que le dio cobertura ideológica a la extrema derecha antidemocrática. Ayer, por fin, estábamos todos juntos. Pero, aunque parto del principio de que todos los noes al terror valen lo mismo, no admito que todos tengamos la misma autoridad moral. Los que siempre pidieron libertad y paz son coherentes, están exentos de complicidades perversas, y piden para sí mismos lo que dan a los demás. Los que saludaron a Tejero, o sirvieron a Franco con entusiasmo, también tienen derecho a convertirse a la democracia, pero no pueden olvidar que fueron parte esencial en la creación y rearme del terror, y que nos han metido en el endiablado mecanismo de la reacción que todavía estamos padeciendo. Y los que creyeron que la respuesta al 11 de septiembre era la guerra, y que todo se arregla con bombas de racimo, tendrán muy difícil de explicar en qué se diferencia una estudiante de Torrejón que fue reventada entre los hierros del tren, y un pobre niño de Kabul al que hemos librado de los talibanes por el expeditivo procedimiento de soltarle una bomba encima de su escuela. Ayer, por fin, estábamos juntos. Pero todavía hay quien cree que nuestros muertos duelen más, y provocan más injusticia, que los muertos de Bagdad. Y tampoco faltan, por desgracia, los que no perciben el mundo que estamos creando cuando, subiéndonos al carro del imperialismo más soez y dolarista, hemos apostado a ser un país rico -¡la octava potencia del mundo!- en medio de un océano de pobreza y dictadura que clama al cielo y al infierno. Seguramente es verdad que el terror se combate con la unidad sin fisuras. Pero la guerra también. Seguramente es cierto que hay que marchar unidos contra ETA y Al Qaida. Pero contra la miseria y la dictadura también. Y no tengo ninguna duda de que hay que sufrir con los españoles asesinados en Madrid. Pero sin olvidar que mucha gente tan honrada y cariñosa como nosotros, tiene que llorar a sus hijos muertos por una aventura militar que quiso sacar petróleo a base de manipular el 11 de septiembre. En la política se puede hacer mucha demagogia, pero en la ética no. Y por eso no me extraña que algunos manifestantes hayan dormido mal esta noche. Porque al regresar a sus casas se dieron cuenta de que, al menos en parte, se habían manifestado contra sí mismos.