La tentación mosquetera

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

ZAPATERO ha sido capaz de sortear el mayor escollo que amenazaba su ruta durante esta campaña electoral: el de sucumbir a los cantos de sirena lanzados por IU y los nacionalismos periféricos para fraguar un acuerdo destinado a echar del gobierno al Partido Popular. Era la tentación mosquetera, pues la consigna de esa operación coincidía con el lema de aquellos cuatro espadachines salidos de la pluma del gran Dumas: todos para uno y uno para todos. Las presiones para embarcarse en tal empresa de alternancia a toda costa debieron ser tan fuertes en el PSOE que Zapatero, como Ulises en La Odisea, se blindó decididamente frente a ellas. Ulises lo hizo atándose al mástil de su nave para evitar, así, ser vencido por la seductora voz de las sirenas que atraían a los navegantes a la costa con la intención de hacerlos encallar. Zapatero se protegió adquiriendo un solemne compromiso: el de que sólo gobernaría si obtenía más votos que el PP. Con tal promesa el líder del PSOE se ataba también al palo de la nave socialista, lo que constituía, en todo caso, un serio riesgo para quien había asumido la responsabilidad de pilotarla: pues, atado ya por su promesa, el margen de maniobra de Zapatero disminuía de forma sustancial. Aunque el objetivo de los estrategas socialistas era, obviamente, el de forzar el voto útil de la izquierda, ese objetivo conllevaba el riesgo de desmovilizar a ese mismo electorado, que podría sentir la tentación de no votar vistas las escasas posibilidades de que su sufragio sirviera para dar lugar a la alternancia. Pues bien, todas los sondeos conocidos el domingo, que apuntan a la victoria de Rajoy, pero pronostican que el PP quizá no logre la mayoría absoluta que busca con afán, confirmarían que los beneficios de la decisión de Zapatero de no gobernar si no gana los comicios habrían sido mayores que sus costes. Por una parte, porque esa decisión podría ser una de las claves para explicar, si el 14 se confirmase, la victoria por mayoría simple del PP: muchos electores populares cabreados habrían decidido quedarse en casa sabiendo que de todos modos no peligraba el gobierno de Rajoy. Pero además, y tras haberse protegido frente a los cantos de sirena que querían forzarlo a un gobierno de locura (con el PNV, el BNG y Esquerra, entre otros, de apoyos necesarios), el PSOE ha resguardado también su marca para afrontar como debe lo que, de confirmarse las encuestas, tendrá que hacer tras el 14: oposición. Y es que, de haber jugado ahora su partida al uno para todos y todos para uno, el PSOE se vería en la tesitura de practicar la oposición que, si al fin pierde, menos le conviene: una oposición (igualmente) mosquetera.