LOS QUE RECORDAMOS la zafiedad estomagante que contaminó las campañas electorales de 1993 y 1996, agradecemos que la actual, a pesar de algunos exabruptos previsibles, no se haya deslizado por el tobogán del insulto y de la descalificación ad hominem. Es algo que valoramos muy especialmente los ciudadanos convencidos de que la democracia no consiste en la liquidación o erradicación del contrario sino en el debate, tan áspero y fiero como se quiera, sobre propuestas que afectan al interés público. En este juego cabe casi todo, incluida la demagogia, inevitable y puntual visitante en estas ocasiones. Pero también cabe la verdad, la de cada cual, la que cantó Antonio Machado, tanto más necesaria cuanto menos absoluta. Por todo lo dicho me gustó el planteamiento de campaña hecho por el equipo de Mariano Rajoy, inteligente en la medida en que, al atajar y reducir las estridencias prematuras, consiguió que emergiesen y fuesen escuchados los datos que le son más favorables. Es un planteamiento que, al parecer, no satisface a los más montaraces y vociferantes (ésos que desean que se les vea partiéndose el pecho a gritos en los mítines), pero que ha tenido una clara rentabilidad informativa. Tampoco me ha parecido equivocado el planteamiento del PSOE de reiterar una oferta alternativa capaz de abrir una etapa en la que reine la concordia política y cese la crispación. Es el contrapunto lógico a la mayoría absoluta que pide el PP. Las encuestas de este fin de semana muestran un repunte socialista, que acorta las distancias, pero que no pone en peligro la victoria popular. ZP, sin embargo, no ha dejado de ser ZTranquilo. Quedan cinco días de campaña y, como han anticipado ya varios líderes, todos van a echar el resto, con mucha más «leña al mono», es decir, con mayor contundencia y beligerancia. De este modo, la campaña tiene toda la traza de terminar con mucho ruido, incluso con alguna baladronada indeseable, pero sin nadie meando fuera del tiesto. Y esto, en tiempos en los que algunos se han empeñado en que miremos hacia atrás con miedo, me parece una buena señal. Empieza la última semana. Esperemos lo mejor.