Fanatismo y horror iraquí

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

EL HORROR actual de Irak o de Palestina es un ejemplo más de los resultados del fanatismo político y sobre todo religioso. Estos asesinatos encarnizadamente fraternales recuerdan a la Europa preilustrada y prelaicista donde campaba a sus anchas el fanatismo religioso. Papistas asesinando a albigenses, probando en carne viva ese invento francés conocido como Santa Inquisición. Calvinistas asesinando a católicos y éstos pasando a cuchillo a hugonotes, incluidos mujeres y niños. No hay causa que haya producido más muertos y provocado más desolación que el fanatismo religioso. Incluso los crímenes de los comunistas tienen un algo de fanatismo religioso originario, puesto que fuera del partido tampoco hay salvación. No hay nada peor que un déspota, salvo un déspota teocrático. Porque puede asesinar en nombre de Dios, nada menos. Tal Calvino persiguiendo al Pensamiento en la persona de un Castellio. Malo era Sadam Huseín, nacionalista no confesional; peor será el despotismo religioso que amenaza, siguiendo la tradición de implacables degollinas a la que se han entregado los agarenos desde el mismo origen del Islam, con una historia plagada de cismas, disensiones y crímenes. En el mismo Irak, suníes contra chiíes. Cabe temer que la venganza de éstos tras la retirada de las tropas americanas será terrible. Según su tradición, los chiíes esperan al Mahdi, o Mesías oculto, pero probablemente éste no sea sino inteligencia, tolerancia, justicia, libertad, construcción, paz y fraternidad universal, es decir, los valores contrarios a los que el fanatismo religioso representa. Y por eso quizás tampoco en Oriente Medio habrá más oportunidades para la paz mientras no vuelvan al Gobierno israelí los laicos si no olvidan que es la Razón el más preciado tesoro que se les ha confiado a los hombres para resolver sus problemas.