Las cifras de España

OPINIÓN

NO ME REFIERO a las promesas electorales, muchas de ellas ya alegremente traducidas al lenguaje aritmético. Me refiero a las cuentas del Estado y a las cuentas del españolito de a pie, que al parecer no siempre son hijas del mismo padre. Las cuentas del Estado (incluidas las comunidades autónomas y los ayuntamientos) registraron en el 2003 el primer superávit de su historia, con un excedente de 2.574 millones de euros (0,3% del PIB). Lo cual mejora la previsión de déficit cero del Ejecutivo y apuntala la proclama oficial de que España va bien, y punto. La clave ha estado en la buena marcha de la Seguridad Social. La intensa creación de empleo (casi medio millón de nuevos puestos) ha ofrecido un saldo positivo equivalente a un 1% del PIB. Lo cual ha permitido que el Consejo de Ministros del pasado viernes aprobase una nueva dotación de 3.000 millones de euros para el fondo de reserva de la Seguridad Social, que ya tiene 15.182 millones de euros y que es el destinado a garantizar el pago de nuestras pensiones. De modo que, también a la luz de estos datos, España va bien, ¿o no? ¿Cuál es el problema entonces? ¿Qué razón asiste a los que se quejan? La respuesta es simple: las otras cifras. Las personales. La realidad de ese millón y medio de españoles que ganan menos de 600 euros (100.000 pesetas) al mes. La basura de unos contratos precarios que no permiten sosiego ni esperanza. La inclemencia de unos ingresos que no hay manera de estirar hasta fin de mes. La imposibilidad física y metafísica de alcanzar uno de esos pisos que suben sus precios cada semana. A pesar de estos desajustes, la realidad es que la economía española va bien. Y justo porque es así, debe hacerse una encuesta sobre la estructura salarial, para detectar donde están los agujeros negros en los que se apiñan esos españoles que no están participando de la bonanza. ¿Acaso no es sospechoso que la última encuesta de este tipo se haya hecho en 1995, antes de que el PP llegase al poder y España fuese tan bien? Podría estarse fraguando una fractura social, y es cuestión de atajarla a tiempo.