CARLOS G. REIGOSA
27 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.No importa que lo hayan desmentido mil veces. Muchos nos abonamos a la leyenda urbana de que el cadáver de Walt Disney, el gran cineasta muerto en 1966, está congelado en una cápsula en la NASA, para ser reanimado cuando los avances médicos permitan curar el cáncer de pulmón que acabó con él. La información, por otra parte, no podría haber surgido de mejor fuente, ya que fue su hermano y socio Roy O. Disney quien la difundió, junto con el dibujante Marc Davis, a fines de 1967. Ahora, su sobrino Roy Disney, hijo del inventor de la leyenda, ha estado en Barcelona y ha vuelto a echar un jarro de agua fría sobre nuestra mitomanía: «Mi tío Walt no está congelado, criogenizado, hibernado ni nada de eso; a los dos días de su muerte fue incinerado, y sus cenizas reposan en un cementerio a pocas millas de mi casa», es decir, en el Forest Lawn Memorial Park de Glendale. Yo prefería la versión del hermano que, aliada con la fantasía popular, lo situaba en órbita alrededor de la Tierra o conservado en un frigorífico debajo de la atracción Piratas del Caribe de Disneylandia. Incluso al salario congelado se le llamaba ya «salario Walt Disney». Pero no ha podido ser. La realidad nos ha ganado una vez más.