Astuta ETA

| JUAN JOSÉ R. CALAZA |

OPINIÓN

A MI SABER y entender, cuando ante el cadáver aún caliente de Lluch una masiva manifestación bajo el control de un par de bien entrenados gurús pidió supersticiosamente diálogo, a la manera como los aborígenes de las quimbambas piden lluvia a los dioses, la porcina sonrisa de los altos conspiradores allende los Pirineos debió llegarles de oreja a oreja. Pero muy preocupados por la munición que los enredos de Carod suministran, al parecer, al PP algunos no alcanzan a comprender verdaderamente las intenciones de ETA. No obstante, si hay algo que las eminencias grises que manipulan los hilos del terror conocen bien es la orteguiana sentencia «Los molinos de la historia muelen muy lentamente». Todo lo que hace o deja de hacer la banda paramilitar debe ser columbrado desde la matriz analítica de la estrategia de largo plazo incluso si las escaramuzas tácticas del momento deforman la percepción de sus acciones (u omisiones). Quienes en su día fraguaron la trama y la urdimbre de la red que han arrojado sobre nuestras provincias del norte tenían como principal objetivo que al retirar el copo, treinta años después, Cataluña estuviera dentro. Los pescadores, especialmente los de río revuelto, son muy pacientes y hábiles en el uso de las artes de camuflaje. Nadie ignora que Suecia portará para siempre el horrendo estigma de haber permitido el paso, sin combatir, del ejército alemán hacia Noruega. Conservar vidas de suecos, con sus heces y sus gargajos, fue justificación de suficiente peso en la balanza que también sopesaba la piel de los hermanos noruegos. Y asimismo sabemos que otrora honestos ciudadanos han sucumbido a la estrategia del miedo en el País Vasco prefiriendo ver para otro lado antes que ser eventuales objetivos del terrorismo. Y lo agradecen, qué duda cabe, votando a partidos independentistas que tienen, a justo título o erróneamente, por minuciosos garantes de la paz de los cementerios o de una versión posibilista de la misma. Es decir, con un Gobierno del PP o del PSE, piensan esos avestruces, ETA sería aun más sanguinaria. Es este experimento social de hondo recorrido, probado satisfactoriamente en el País Vasco, el que opera en la decisión concerniente a Cataluña. La matanza de Hipercor, el asesinato de Lluch y la tregua decretada en el santuario catalán (tienen otro en Francia, gracias a un pacto, que les ha dado muy buenos resultados) corresponden a movimientos tácticos dentro de una misma estrategia: conseguir mediante contracciones y expansiones tipo acordeón que el terror resquebraje los fundamentos éticos de la moral cívica. Comprobar empíricamente la reciedumbre cívica de los catalanes tensionando sus angustias, primero, con actos como el de Hipercor o la muerte de Lluch, relajando sus miedos posteriormente, como en el trance actual, con la zanahoria de la paz es, sobra decir, lo que buscan los etarras (o quienes los dirigen desde enmoquetados despachos). Por tanto, no repugnaría a la lógica que, rotas y sin vigor las reglas morales que condenan la complicidad implícita con los asesinos, muchos catalanes -incluidos votantes del PP- acogiesen el regalo de ETA como un seguro de confort que les permita dormir la siesta en la playa sin tener una bomba por almohada. Además, visto que es de malnacidos ser desagradecidos, y como del confort físico al confort moral el trecho es corto, nada mejor para la autoestima que votar a un partido de «progreso», pongamos, ERC. No queda excluido, en consecuencia, que ERC, depositaria testimonial del «test» aplicado por ETA, consiga la adhesión en las urnas -con un aumento de votantes por encima de su umbral natural- de una ciudadanía sensible al chantaje. En este caso, antes o después, ETA, de no ser aniquilada militarmente con todos los medios a disposición del Estado, sin excluir los más heterodoxos habitualmente empleados en Europa, habría ganado su guerra dejando tras sí un reguero de propagación secesionista en otras regiones españolas. Sin embargo, el verdadero mensaje subyacente es que, «a contrario», si ERC se hundiera y el aval electoral del PP despuntara hacia cotas superiores el terrorismo volvería a Cataluña con redoblada virulencia. Si los dejamos.