EL ALCALDE de Toques llamó «mortos de fame» a los periodistas que cubrían el famoso pleno municipal de su vergonzosa continuidad como regidor, dando con sus nudillos golpes de autoridad en la mesa presidencial. Y no repuestos de aquello, el inefable ministro Trillo, shakesperiano y burlón, les obsequia con una moneda de euro, que rueda también ofensivamente hacia ellos sobre la mesa mientras formulan la incómoda pregunta sobre las armas de destrucción masiva y la guerra de Irak. Hay una misma resonancia que uniría ambas actitudes en un carácter político semejante. Y esto es lo malo. Para estos dos políticos, en apariencia tan lejanos en su imagen y dedicaciones, la peor ofensa parece ser el hambre o la no relevancia protagonista. Y la más odiosa de las obligaciones el dar cuenta a los subordinados de los propios actos a través de los profesionales de la comunicación. Gran torpeza. Ya decía Quevedo que «el hambre el ingenio aguza, y que la gula es horca del pescuezo».