A MENOS de un mes de las elecciones todavía no se ha publicado ni una sola encuesta capaz de responder, de forma científicamente solvente, a la gran pregunta del 14-M: ¿Va a obtener el PP la mayoría absoluta? Se han difundido sondeos con pequeñas muestras que algunos se han atrevido a extrapolar a escaños para proclamar que la mayoría absoluta del PP se esfuma. A pesar de que son encuestas con apenas 25 entrevistados por provincia, probablemente acierten, sobre todo si resultan correctos los pronósticos de una alta participación. La aplastante victoria de Aznar del 2000 se asentó sobre la mayor abstención desde 1989 y, según el CIS, la mitad de quienes dejaron de ir a votar se definen ideológicamente como de izquierdas. Por eso, la estrategia a la gallega de Rajoy, de pasar de puntillas en la campaña y escabullirse del cuerpo a cuerpo, parece más adecuada para sus propósitos que la confrontación que le reclaman desde La Moncloa, ya que se arriesga a excitar a la izquierda desmovilizada.