CARLOS G. REIGOSA | O |
13 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.ENTRE las grandes pérdidas intelectuales de este comienzo de año está la del desesperanzado y sin embargo lúcido y tenaz filósofo italiano Norberto Bobbio. Murió a los 95 años en Turín, después de una vida dedicada al estudio académico y al debate social, desde su gran autoridad en Filosofía del Derecho y de la Política. Introductor en Italia de la teoría jurídica de Kelsen, que impulsó sin dejar de someterla a crítica y a revisión, se convirtió en un férreo defensor de la democracia, en un Estado de hombres libres e iguales y en el que libertad e igualdad son indisociables. En este sentido, como han escrito especialistas en su obra, propugnaba un socialismo liberal y democrático, con los ideales de la Ilustración y el pesimismo que emana de la Historia. Por ello sólo detestaba con toda su alma a una clase de hombres: los fanáticos. Admiraba el proceso político español que se abrió tras la muerte de Franco, pero, como expuso en estas mismas páginas Jorge del Corral, que habló largamente con él, nunca pudo entender la descentralización de la educación. Si ésta no era común a todos, ¿cómo era posible que el Estado se mantuviese unido? Su pregunta sigue ahí, como una espada de Damocles. Y no sería bueno ignorarla.