EN TIEMPOS preelectorales se lanzan iniciativas de todas clases, algunas de ellas pintorescas. Una es la defendida por Zapatero de sustituir clases de religión por gimnasia. ¿Y por qué no de magnesia? No deja de ser curioso que ahora que se celebra el bicentenario de la muerte de Kant, en un país de la importancia histórica de España estemos aún dando tumbos con estas cuestiones. Sea cual sea la concepción que se tenga de condición humana, salvo que dentro de las pautas del materialismo filosófico más radical se reniegue de toda metafísica, a nadie se le escapa que es muy importante para la educación integral del hombre el formar opinión propia sobre lo que Jung llama lo numinoso, lo sagrado. Porque sólo el Conocimiento permite el ejercicio real de la libertad. Pero otra cuestión son los qué, quién, cómo, cuándo y dónde. En una enseñanza dirigida a la ciudadanía en general, como debe ser la pública, los qués dependen de la edad y deben basarse en criterios objetivos, neutros, huyendo de lo confesionalmente dogmático y, por tanto, opinable. Estudiando historia, tipologías de religiones, y viviendo el Arte. La experiencia personal sobre lo sagrado o numinoso puede surgir de la contemplación de un objeto artístico, la lectura de un libro o de la visita a un templo. La emoción estética puede ser una vía hacia el fenómeno religioso personal más puro y sincero. Pero otra cosa muy diferente es el intento de determinadas organizaciones religiosas por tratar de imponer su mercancía más o menos pasada de fecha a toda la ciudadanía. Precisamente los militantes declarados o empleados de aquéllas, mientras no demuestren ser objetivamente neutrales, serían los menos capacitados para educar en los temas religiosos, pues tenderían a confundir enseñanza con adoctrinamiento. O educación con catequesis. Amén.