CÉSAR CASAL GONZÁLEZ | O |
12 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.HAY FRASES que mueven montañas. No se necesita un discurso para cambiar el mundo. Llega con una idea. El combustible de las ideas es un incendio. Me encantan los aforismos. Un compañero me descubre al escritor argentino Macedonio Fernández. Dos frases de este escritor a su manera en Todo o nada me mandan a la lona: «Habiendo tantísimas personas interesantes, ¿por qué preferimos admirarnos a nosotros mismos?» y «Qué poco dura el saber: a los 20 años todo lo sabía; a los 70 no entiendo nada». Dos verdades enormes. Tres de mis libros esenciales son este tipo de reflexiones o apuntes de una vida: los Carnets, de Camus; el Crack Up, de Fitzgerald; y el Oficio de vivir, de Pavese. Son una trilogía fabulosa para salir de la estupidez y empaparse de sentimiento. Pavese escribió aquello de «trabajar, cansa» y cerró el libro, antes de suicidarse, con un «no más palabras, sólo un gesto». Camus no es mucho más alegre, pero también abre los ojos: «Basta un gran pedazo de cielo y la calma vuelve a los corazones tensos». Fitzgerald, lúcido, colocó al ser humano en su justo sitio: «Pensar en el héroe que está en el retrete hurgándose la nariz». Ojo con los elogios. cesar.casal@lavoz.es