Memoria de Irak

| PEDRO ARIAS VEIRA |

OPINIÓN

07 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

SADAM HUSEÍN empleaba en ejército y armamento la décima parte de la producción de su país, siete veces más de lo que gasta España. Pero la mayoría de sus 24 millones de habitantes pasaban necesidad. Irak producía 12,5 millones de barriles de petróleo diarios, el 3,2% de la producción mundial; sin embargo, sus ingresos por habitante se quedaban en la décima parte de los españoles. La dictadura baasí condenaba al analfabetismo al 45% de los hombres y al 77% de las mujeres. No permitía el acceso a Internet ni las libertades elementales, aunque sostenía un ejército de 375.000 efectivos. En los ochenta envió seis divisiones acorazadas para la invasión del vecino Irán y desencadenó una guerra que terminó con un millón de muertos. Culpó a sus oficiales de los desastres y los depuró en purgas crueles. En la guerra con Irán no utilizó armas químicas por miedo a las repercusiones internacionales, pero en 1987 encargó a su primo Alí Hasán al Majid, alias Alí el Químico, que gaseara veinte aldeas kurdas. Para confirmar los experimentos, en 1988 procedió al envenenemiento masivo de la población de Halabja con bombas de cianuro de hidrógeno. Sadam había logrado el sueño de contar con un reactor nuclear a finales de los setenta; lo había adquirido por tres mil millones de dólares a los franceses. Su primer ministro y actual presidente Jacques Chirac, fue el broker político de la operación. Entonces declaró que «la actual política francesa no está dictada por el interés, sino también por el corazón». Ahora se protege de las acusaciones de corrupción internas, el caso de su delfín Alain Juppé, utilizando la inmunidad presidencial. El reactor Tammud , que así lo rebautizó Sadam, fue desarrollado por científicos iraquíes formados en Occidente, ya que estas sociedades son muy abiertas y generosas para con los estudiantes extranjeros. Incluso admitieron a Irak en la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Pero un raid de la aviación israelí terminó con sus ambiciones. Entonces invadió Kuwait en 1991. La nueva derrota lo orientó hacia una actividad más encubierta, el apoyo al terrorismo. Había dado cobijo a Abu Nidal y a Carlos el Chacal , así como a Abu Abás. Financiaba el terrorismo internacional y reanudó el programa armamentístico secreto. Jugó con los inspectores de la ONU y desobedeció sus directivas de desarme. Eso le costó el poder y el final de su régimen. Los científicos no han encontrado armas tangibles de destrucción masiva, aunque sí la documentación de que tenía programas y recursos para ellas. Pero en su aséptica objetividad han olvidado que el arma fundamental de destrucción masiva es político, radica en el poder, en particular en su forma dictatorial. Y esa sí ha sido encontrada el pasado 15 de diciembre. La historia y los iraquíes juzgarán la firmeza y lucidez de los aliados, que han generado, con enorme riesgo de pérdida de vidas humanas, la posibilidad de libertad de un pueblo oprimido.