SGAE, Fapae y demás aes

OPINIÓN

SE VEÍA venir. Tras la implantación de una tasa a las casetes y a los cedés y DVD vírgenes, la Sociedad General de Autores Españoles (SGAE) ha puesto el ojo en el disco duro de los ordenadores o en cualquier otro dispositivo de almacenamiento digital para gravarlos con una tasa similar. ¿Lo hará también sobre la memoria humana? El afán recaudatorio de esta entidad no tiene límites y la complicidad de las autoridades administrativas y políticas empieza a ser indecente. Lo de menos es luchar contra la piratería, que como todo delito corresponde a la policía perseguir y a los jueces castigar. Lo importante es recaudar a costa de esquilmar a los ciudadanos y la excusa en este caso es la incertidumbre jurídica y los efectos, no probados ni cuantificados, del intercambio de archivos por Internet. En los últimos años, todos los informes independientes (no patrocinados por la industria musical) señalan que quienes bajan música de la red compran más cedés que la media. Y como refrendo están los datos de la industria británica, que acaba de publicar que los conciertos en vivo han experimentado un avance sustancial y que las ventas de cedés han aumentado en el 2003 un 7,6%, la mayor subida desde el inicio de los años 90. En una calle paralela a esta de la avaricia recaudatoria de la SGAE corre la Federación de Productores Audiovisuales Españoles (Fapae), para quienes la calidad del cine español y su éxito en taquilla no dependen del trabajo de actores, directores y guionistas, sino de las ayudas públicas, del impuesto obligatorio que se ponga a las televisiones y de las trabas que tenga Hollywood para estrenar sus producciones. En definitiva, de crear para España la excepción cultural que inventaron los franceses y que tan dañinos efectos produce en la industria audiovisual europea. En el 2003 se han vendido 10 millones menos de entradas que en el 2002, año en que a su vez se vendieron seis millones menos que en el 2001, y el 77% de la recaudación se concentró en sólo diez de las 127 películas producidas. Las 117 restantes han tenido, como es notorio, un clamoroso silencio, pero eso sí, por el especial sistema de subvenciones, sus productores han ganado dinero por el mero hecho de rodarlas. El 81,5% de las productoras realizaron en el 2003 una película y el 4% hicieron cuatro o más. La más activa hizo ocho. Si los guionistas, productores, actores y demás responsables del cine español pusiesen el mismo empeño en recobrar los valores que tuvo antaño nuestra industria que el que ponen ahora para defender la subvención, la endogamia, el narcisismo y la arrogancia, quizás volveríamos a las salas. Pero me temo que esto es lo único que no les importa.