EN LA CRISIS financiera de la Universidade de Santiago confluyen dos problemas que en modo alguno deberían mezclarse. Y por eso resulta una enorme irresponsabilidad que la Xunta y la propia Universidad se pasen la vida jugando a la pelota, como si el grave desajuste presupuestario se justificase por la cutre financiación del sistema universitario, o como si la mala gestión de la USC disculpase el hecho de tener las universidades peor financiadas de España. Lo que le enseñamos a los alumnos es que son los presupuestos los que determinan las políticas públicas, y no al revés. Y por eso no hay ninguna disculpa para que los drásticos recortes que están experimentando los servicios esenciales de la Universidad, que afectan a la calidad de la docencia, estén llegando como resultado de un agujero financiero que nos estalló de improviso, en vez de llegar por la ordenada aplicación de un ajuste previo. Y por eso no es admisible que la comunidad universitaria se presente ante la estupefacta sociedad gallega sin reconocer ningún error, ninguna imprevisión ni ningún despilfarro. Algo tuvo que pasar. Y alguien tiene que ser el responsable de no haber cerrado el grifo a tiempo. Y no es bueno que la Universidad hable de sus problemas como si los contribuyentes se chupasen el dedo. Pero, una vez reconocido eso, también hay que decir que no hay derecho a lo que está haciendo la Xunta con el sistema universitario gallego y con la USC en particular. Mientras seguimos derrochando dinero en una programación cultural de juzgado de guardia, y mientras sigue sin debatirse la incidencia de la Ciudad de la Cultura en el modelo cultural y educativo, las universidades gallegas, en las que se juegan su futuro profesional nuestros hijos, se las tienen que apañar con el 0,58% de un PIB anoréxico, equivalente al 60% de la financiación media en España. Fruto de una transferencia mal negociada, con la que el último Gobierno de Fernández Albor quiso demostrar su eficiencia, la creación de las universidades de Vigo y A Coruña, hecha ya por el tripartito, tuvo el efecto de un irresponsable despiece de la Universidade de Santiago, que, además de perder su calidad de centro referencial en España, arrastra desde entonces una estructura desequilibrada y contrahecha que nadie se atreve a corregir. Por eso es necesario que los ciudadanos sepan que, lejos de ser una incidencia menor y aislada, la situación de la USC no es más que la punta del iceberg de un gravísimo problema que la Xunta ni sabe ni quiere arreglar. Porque Fraga tiene muy claro que un concierto de Juan Pardo -¡gratis!- da más votos que una buena universidad. ¿Y saben ustedes por qué? Por falta de buenas universidades. ¡Lógico!