CUANDO FINALIZABA el siglo anterior y se hacían pronósticos sobre el próximo, alguien afirmó (me parece que fue el filósofo francés Jean Guitton) que venía el tiempo de las religiones ; por esos años noventa el profesor de Harvard Samuel Huntigton proclamaba el choque de las civilizaciones ; también el sociólogo Karl Popper señalaba las vulnerabilidades de la sociedad abierta , la sociedad tolerante atacada por los intolerantes y fanáticos. En esas circunstancias estamos ya, creo yo. Nuestra sociedad avanza en varias direcciones: políticamente es democrática, económicamente es interdependiente y socialmente es abierta para aceptar otras culturas. Pero al igual que se están produciendo choques entre comunidades de distintas religiones, también se producen rechazos de los extranjeros en los países occidentales. En Francia acaba de suceder un hecho de gran trascendencia con la prohibición del velo mulsumán en las escuelas. Ello ha originado protesta y, lo que pudiera ser una venganza, la voladura del coche de un prefecto mulsumán. En España también tenemos el caso del famoso imán de Fuengirola, que es para reflexionar. Los conflictos motivados por cuestiones que afectan a los sentimientos religiosos o culturales son los más difíciles de solucionar, pues generan odios viscerales. Ahora, por culpa de un velo femenino, puede crearse un conflicto de mayores proporciones en Europa. Entran en colisión dos principios: el Estado laico y la libertad religiosa. Será necesario aceptar la multiculturalidad, sin que nadie imponga privilegios dogmáticos en ningún sentido. Así, los Estados occidentales han de ser capaces de respetar la libertad religiosa en el interior, y defender al mismo tiempo la cultura occidental contra los ataques del exterior, que es precisamente lo que pretende la campaña emprendida por el terrorismo islámico. Por eso es importante que los europeos sepamos de que va eso del laicismo francés que no quiere reconocer en la futura Constitución europea las raíces cristianas de nuestra cultura, a la vez que a sus ciudadanos franceses mulsumanes les niega el derecho a convivir con sus costumbres. Me parece que se está generando un conflicto que nunca debiera ser religioso.