EL AGRESOR sexual de menores Jesús Ares Vázquez, también alcalde de Toques, va a seguir militando en el PP porque, según el presidente Fraga, «no parece que haya un motivo de acción inmediata» para expulsarlo. Entiende, por tanto, el presidente gallego que su partido puede acoger, sin ruborizarse, a un condenado por abuso sexual. El código interno que rige en las prisiones de todo el mundo sitúa en el último escalón a los condenados por delitos sexuales. Abusadores y violadores, de forma especial si lo son de menores, reciben el desprecio del resto de los condenados hasta hacerles imposible su supervivencia. Es una de las reglas no escritas de los delincuentes. Pero hay partidos políticos que parecen aceptar este tipo de acciones con absoluta naturalidad. Por eso, lo preocupante no es ya que el alcalde de Toques haya manoseado, babeado, sobado, abusado, ofendido, despreciado, e insultado a una niña. Lo peor es cómo lo entienden en su partido, que es el mismo que nos gobierna. El mismo que dice sentir la justicia con rigor y equidad. El mismo que monta un escándalo por el nombramiento de un alto cargo en Cataluña. Y el mismo que trató de llevarnos a la hoguera a los que nos opusimos a la muerte en Irak. Lo que ocurre en el fondo es bien sencillo. Que para algunos, abusos como los que el alcalde de Toques realizó sobre una niña no están mal vistos. Ni son plenamente condenables. Porque en su código ético personal se aceptan de buen grado este tipo de ofensas. Una diputada nacionalista, una tal Tareixa Novo, en un alarde de inteligencia, ha dicho que las palabras exculpatorias del presidente Fraga «ofenden a las mujeres». A las mujeres y a los hombres, simplísima diputada. El alcalde popular de Toques ofendió a una niña. Y quienes lo mantienen en su sitio nos ofenden a todos.