TIENE TODA LA RAZÓN del mundo Luis Ventoso al señalar la gran desenvoltura con que Carod Rovira acaba de mojar la oreja al caciquismo gallego. Según el conseller en cap de la Generalitat, nada mejor que un hermano para ocupar un puesto de confianza. Es una fórmula de gramática parda, una cuestión de fisiología familiar, y un modo de aplicar al gobierno de lo público los principios más usuales en la gestión de lo privado, según el modelo promovido por aquella estricta gobernanta inglesa que fue Margaret Thatcher. Se podría argüir que ese modo de proceder practicado por Carod Rovira no deja de ser una manera de patrimonializar algo tan transitorio como un cargo público, y de llevar la transparencia de esa gestión a la densidad de la sangre y de sus lazos. Ambos procesos son cultivo, abono y laboreo de toda gama de sospechas, pero a Carod Rovira, indudable adalid de las virtudes republicanas, eso se la suda. Hay que añadir en favor de un hombre tan abrumado de responsabilidades como este conseller en cap , que es mucho mas llevadero llamar por teléfono a un hermano para preguntarle «¿qué hay de lo mío?», que tener al mismo hermano dando la lata a la puerta del despacho porque quiere saber qué hay de lo suyo. Esto es algo normal no sólo en las mejores familias sino también en las peores e, incluso, ya puestos, en las confederaciones hidrográficas y en la Comunión de los Santos. En cuanto a lo que se dice conciencia, Carod Rovira la tiene más blindada que el bonete del canciller Bismark, aquel gran padre de la modernidad germana y azote de lo austrohúngaro. He aquí su lúcida explicación de lo hechos: «Procedemos generacionalmente ( sic ) de una tradición de lucha antifranquista en la que todos estábamos implicados. Entramos a militar en la misma organización política y los dos, en pleno franquismo, fuimos encarcelados». Son palabras que vuelven del revés toda la ternura familiar y doméstica de Bambi y la llevan directamente en vena al terreno de la política. Algo así debían de querer decir los marxistas cuando oreaban la consigna de poner a Hegel de cabeza. También decían que la historia nada tiene de gratuita, y aquí tenemos a Carod Rovira pasando la gorra a los veinticinco años de aquella función que le puso tras las rejas. No hay como un político saturado de sí mismo y encantado de no haber conocido a nadie más -con excepción de su hermano-, para aclarar las cosas y dejar las perspectivas en su punto. Si alguien pensó o pensara en el antifranquismo como una escuela del idealismo, una práctica de la generosidad y una disposición a arriesgar la libertad propia en beneficio de la ajena, ya le puede ir dando un nuevo punto de vista a esa interpretación de la historia. Si ahora llega Jaime Campany y dice que de aquellos polvos vienen estos lodos, pues habrá que darle un margen al igual que Carod Rovira se da una renta. Aparte de otros cargos con hermanos en su entorno, Carod Rovira no es el único. En Egipto, Mubarak anda haciendo encaje de bolillos para colocar a su hijo Gamal en el puesto que él abandonará un día. En Libia, Gadafi se ocupa de unas filigranas similares para sustituirse en su hijo Saif al-Islam. Si Carod Rovira hace lo que hace por su sangre, ¿qué no harán el libio y el egipcio por su semen?