La responsabilidad del PSOE

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

LA MAYORÍA de los analistas políticos coinciden en destacar el carácter anómalo de la presente campaña electoral, en la que el Gobierno parece haber transferido la iniciativa a la oposición, cuyas ofertas marcan la agenda electoral y nuclean el debate político. Sin embargo, dos propuestas, formuladas esta misma semana desde el campo socialista, socavan la credibilidad del PSOE y amenazan de ruina su campaña electoral. Me refiero a las excéntricas declaraciones de Rodríguez Ibarra y, sobre todo, al modelo de política fiscal que ha elaborado el Partido Socialista. La propuesta del presidente extremeño, formulada con la estridencia que le caracteriza, consistente en excluir por decreto a los partidos nacionalistas del Congreso de los Diputados, constituye un atentado sin precedentes al pluralismo político real de la sociedad española, impropio de un demócrata e inadmisible en un dirigente socialista. Con su peregrina ocurrencia a dos meses de las elecciones, Ibarra pone, además, en entredicho el proyecto constitucional de la España plural, que el PSOE había logrado construir, no sin dificultades, como alternativa a la rancia idea de España que, basada en un nuevo centralismo patrio, defiende el Partido Popular. Todavía más inquietante resulta la propuesta de política fiscal socialista. En efecto, las reformas previstas en el IRPF, en el impuesto de sociedades, de patrimonio o de sucesiones benefician a las rentas más altas, disminuyen la progresividad fiscal, reducen la renta pública y el peso relativo de los impuestos directos. Por contra, poco o nada se dice acerca de cómo se piensa combatir el escandaloso fraude fiscal existente en nuestro país. Así las cosas, el PSOE ha de reconocer que para financiar su programa tendrá que incrementar los impuestos indirectos o recurrir al déficit público. De lo contrario habrá que deducir que sus propuestas electorales, especialmente las sociales, son papel mojado, o, lo que es peor, insoportable retórica electoralista. Salvo que el Partido Socialista haya descubierto y hecho suya la teoría del profesor Laffer consistente en afirmar, contra toda evidencia, que con la reducción general de impuestos el total de la renta pública no sólo no disminuiría sino que experimentaría un enorme crecimiento. O, quizá, el PSOE haya caído al fin del caballo camino de Damasco y acabe dando la razón a David Stockman, director del Departamento de Administración y Presupuestos y, con mucho, la personalidad económica más relevante del gobierno de Ronald Reagan cuando afirmaba, en una metáfora menos que elegante: «Si uno alimenta al caballo (los ricos) con avena de sobra, algo acabará cayendo en el camino para los gorriones (los pobres)». No sé si con semejante propuesta fiscal el PSOE ganará votos moderados, pero estoy seguro de que no entusiasmará a los votantes de izquierda. En todo caso, le convendría no perder de vista que en las elecciones del año 2000 el PP consiguió la mayoría absoluta debido a la abstención de millones de ciudadanos progresistas, sin cuyo concurso la izquierda no podrá recuperar el poder el próximo mes de marzo. El Partido Socialista, en su condición de partido mayoritario de la izquierda, ha de ser consciente de la gran responsabilidad que adquiere ante la próxima y decisiva consulta electoral. La alternativa de gobierno que necesita el país exige que el PSOE supere las graves contradicciones que lo atenazan y formule, sin complejos, una política económica y fiscal coherente con los objetivos que proclama y con los intereses de la mayoría de la sociedad española.