La Cumbre americana

OPINIÓN

11 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LA Cumbre Extraordinaria de las Américas que empieza hoy en Monterrey (México) hará más visible la realidad, reforzada en los últimos años, de que las naciones iberoamericanas han dejado de ser el «patio trasero» de Estados Unidos. Es algo que se han encargado de escenificar en distintas ocasiones los máximos dirigentes de Brasil, Argentina, Chile, México o Venezuela, cada uno a su modo, porque no son ni representan lo mismo. Estos países y muchos otros de América Latina comparten una clara vocación de independencia respecto de EE.?UU., que no debe confundirse con el viejo antiamericanismo ideológico que alimentó a tantos revolucionarios de antaño. La nueva actitud no plantea la confrontación, pero tampoco acepta la sumisión. El venezolano Chávez todavía encarna mucho de lo viejo (un estrambótico castrismo), el argentino Kirchner se afirma en sus guiños populistas-peronistas, pero el brasileño Lula da Silva, que quizá representa la mayor esperanza, ha trazado la pauta de la nueva relación con EE.?UU, al definirla en términos de respeto, reciprocidad e igualdad. A esta Cumbre asisten los jefes de Estado y de Gobierno de 34 países (todos los americanos menos Cuba). La primera reunión se celebró hace diez años en Miami y fue convocada por EE.?UU. con el objetivo de fortalecer la democracia y construir una zona de libre comercio desde Alaska a Tierra de Fuego, y también, de algún modo, en respuesta a la Cumbre Iberoamericana que reúne anualmente a los países hispano-lusohablantes de Europa y América. La anterior Cumbre fue en Québec. ¿Qué se espera de la actual? El presidente Bush ha preparado su presencia con cuidado. La espantada de Chile y México cuando se negaron a respaldar la guerra de Irak en el Consejo de Seguridad le ha dado una idea clara de a quien se dirige: países vecinos, países amigos incluso, pero no países siervos. Por ello, con la mirada puesta en el voto hispano que necesita para las elecciones del mes de noviembre, repartirá gestos amables, de reconciliación, y quizá concretará algún avance en el libre comercio. Nadie espera mucho más.