¿Qué programa nuclear?

| JOSÉ JAVALOYES |

OPINIÓN

¿A QUÉ programa de armas nucleares se habrá podido referir el presidente Bush cuando ha pedido a Teherán que desista de él, si la AIEA tiene abierta las puertas para registrar, en todo momento y cualquier lugar las instalaciones donde Irán desarrolla sus programas en ese campo energético? Es como si nadie le hubiera informado de que Irán ha suscrito el protocolo adicional al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que es lo mismo que renunciar a todo secreto en esa materia. Sin embargo, podría valer como argumento para no reanudar relaciones con Irán, el hecho de que Irán no entregue a los terroristas de Al Qaeda que, supuestamente, tiene detenidos. Pero esto habría también que probarlo. La reacción iraní se ha producido desde la lógica del decoro: negarse a recibir una delegación oficial estadounidense, incrustada en la ayuda humanitaria por la catástrofe de Bam. Ocurre que la Naturaleza se desentiende de la Historia, y aún más de la Política. El cataclismo geológico ha roto los ritmos y las pautas establecidas. Puede resultar que los soportes del Eje del Mal fueran también de adobe, como la ciudad de Bam. Pero el factor Sharon no quiere saber nada de ello. Brutal debe ser la presión del lobby suyo sobre la Casa Blanca para que se mantenga a Irán en el lazareto. Si se abrieran las relaciones con Irán se rompería la cristalización ideológica posterior al 11-S, a la que ha sacado más partido la diplomacia de Israel que la de EE. UU. Con Sadam cautivo y Corea del Norte pidiendo sopas, puesto el dedo en el gatillo nuclear, sólo resta Irán de la ecuación maldita primordial. Habrá una feroz resistencia israelí a perder ese comodín político. Irán es el único enemigo de fuste que le queda a Sharon. La normalización diplomática con Teherán es una cuestión central para EE. UU., un asunto capaz de invertir toda su política exterior en Oriente Medio. Esperemos.