Las buenas noticias

OPINIÓN

LAS BUENAS noticias no son noticias, afirma un adagio periodístico. Los medios de comunicación apenas las incluyen, y el público, condenado a conocer sólo las malas, acaba por creer que vive al borde de un desastre cada vez mayor y más inminente. Tiene razón Emmanuel Todd cuando, en su libro Después del imperio , asegura que «la imagen del mundo que se han ido formando los occidentales durante los últimos diez o quince años es catastrófica». Con esta estresante visión convivimos. De África se publica poco, y siempre sobre la violencia en Ruanda, Sierra Leona, Somalia, Zimbabwe, Sudáfrica, Liberia u otros países. Si vamos por el sur de Europa, la nueva crisis serbia nos sale al paso, y si avanzamos hacia el este, desembocamos en la Chechenia laminada y en una Georgia tan pendiente de solución como acaparadora de riesgos. Más al sur, la bomba kurda, condicionando a varios Estados decididos a no satisfacer los deseos nacionales de esta comunidad. Después, el interminable conflicto judío-palestino y la posguerra de Irak. Un poco más adelante, Irán en busca del arma atómica. Y la India y Pakistán, ya convertidas en potencias atómicas, en confrontación por Cachemira. Con Corea del Norte amenazando a la mismísima superpotencia. Añádanse a esta panorámica las situaciones inestables de Sri Lanka, Indonesia y Filipinas. En Iberoamérica, la cosa mejora algo. Pero en Colombia campea una violencia difícil de atajar. En Venezuela, el propio presidente Chávez encarna la inseguridad. En Bolivia se vive un período de inquietud. En Argentina, la miseria sorprende. En México se intenta asumir la propia diversidad . En Brasil se afrontan problemas de inaplazable solución. Y en Cuba se espera el poscastrismo. ¿No hay buenas noticias? Las hay, sí, pero apenas se difunden. Anoten dos que propone Todd: antes del año 2030 habrá terminado la alfabetización del planeta, y en el 2050 habrá culminado la transición demográfica, con una población estacionaria y un mundo en equilibrio. Las tendencias en esta dirección no se han alterado, a pesar de las malas noticias de cada día. Así que ¡menos catastrofismo mediático! Y feliz 2004.