Hipocresía y solidaridad: ¿quién da más?

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

EL OJO PÚBLICO

27 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

SON COMO NIÑOS. Salen de entrevistarse con el Rey y de hacer reverencias y monadas y se enzarzan en una gresca de patio de vecinos sobre quien afloja más la guita. Una guita que, por el espíritu que ponen en la cosa, cabría imaginar saliendo de sus mismísimos bolsillos. Se trata -ya lo habrán adivinado- de doña Esperanza y don Pasqual, quienes, en plena Zarzuela, afirman que su solidaridad territorial es una barbaridad, una bestialidad. Doña Esperanza lo dice con esa claridad pueblerina que permite todos los abusos demagógicos: «Cada uno de los habitantes de Madrid contribuye a la solidaridad cuatro veces más que cada catalán». Lo que, siendo cierto resulta, en realidad, un cuento chino. Cierto si se comparan las balanzas fiscales de Madrid y Cataluña. Pero un cuento, en todo caso, pues aquéllas expresan sólo medias estadísticas que no distinguen entre los ricos y los pobres de Madrid o Cataluña, donde, como hay mucha gente, ha de haber lógicamente muchos pobres. Doña Esperanza está empeñada en confundir la realidad y la estadística. Y así no hay modo. El recién estrenado president tampoco es manco. Maragall se despacha reclamando que ahora toca «dirigirse a una regulación de las transferencias entre autonomías en términos más de objetivos que de pasado», lo que podría resultar incluso razonable si no fuera porque las transferencias lo son, en realidad, entre personas y no entre territorios. Es precisamente esta confusión entre lo territorial y lo personal la que nos ha llevado a la confusión en la que estamos. La solidaridad que los impuestos garantizan no es una solidaridad entre territorios, sino entre quienes los habitan, cuya riqueza (o pobreza) relativa (tanto individual como social) es el principal baremo que se emplea para hacer los cálculos de quienes deben dar y quienes recibir. El que, hechas las cuentas, Cataluña o Madrid aporten más, tomadas en conjunto, de lo que reciben; y Galicia o Extremadura reciban más de lo que aportan es sólo la consecuencia de un hecho de dimensión estrictamente personal: que en el primer grupo de comunidades hay más riqueza; y más pobreza en el segundo. Lo cual no quiere decir que los necesitados de solidaridad de Cataluña o de Madrid no la reciban de quienes pueden aportarla en Extremadura, o en Galicia. No aclarar que la solidaridad territorial es, en realidad, el único medio de garantizar la personal, es una forma como otra cualquiera de mentir. Y ello hasta el punto de que de la llamada solidaridad territorial podría decirse hoy aquello que hace siglo y medio decía Flaubert de la fraternidad: que es una de las más bellas invenciones de la hipocresía social.