Las dos manos de la política

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

LA POLÍTICA madrileña, ésa que tanto hastía a Rodríguez Ibarra, acaba de entrar en una fase muy entretenida. La por fin presidenta Esperanza Aguirre entra en su cargo como elefanta en cacharrería y, para sorpresa de su propio partido, se dispone a poner en marcha un programa que los modernos llamarían «rompedor». Cambiará la ley electoral, creará distritos para facilitar la representación y, en lo económico, se dispone a bajar varios impuestos. Con tales propuestas, no es extraño que se haya convertido en 24 horas en personaje central de la vida política. Claro que no todos los «méritos» son suyos. Si destaca tanto su programa económico, es por la comparación con lo anunciado por el alcalde, señor Ruiz-Gallardón. En menos de un mes hemos visto cómo dos dirigentes políticos del mismo partido prometen o realizan políticas fiscales contradictorias: uno eleva las tasas municipales; la otra rebaja y hace desaparecer impuestos. El primero representa, en este mundo de imágenes, el estado de obras para el que se necesitan recursos que han de aportar los contribuyentes. La segunda se somete al reto de hacer cosas desde la austeridad. Se aproxima al ideal que dibujó Rodrigo Rato: «Hacer más con menos». Hay medios informativos que ayer se han dedicado a enfrentar a los dos políticos. Otros hablan de «difícil cohabitación», como si Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre fuesen de partidos distintos. ¿Es realmente así? ¿Se respira por debajo esa tensión sugerida? Dicho de otro modo: ¿empiezan a asomar dos políticas contradictorias en el seno del PP? Evidentemente, sí. A un lado están los gallardones , que entienden que no se pueda transformar una ciudad sin un esfuerzo colectivo, y al otro quienes, como la señora Aguirre, se apuntan a la doctrina oficial del «círculo virtuoso»: unos ciudadanos que pagan menos impuestos tienen más posibilidades de consumir e invertir. No creo que la sangre llegue al río. Ambas posiciones tienen el respaldo de la dirección del partido. Y ayer, los dos protagonistas se han abrazado y besado «ostentóeramente», para que los viera todo el mundo. Lo malo va a venir después: cuando por las veleidades de la opinión pública y publicada Ruiz-Gallardón sea presentado como la «cara mala» del PP, y la señora Aguirre sea el rostro amable. Es una situación que no se había vivido en el partido mayoritario. Con esa doble cara tendrá que lidiar Mariano Rajoy. Claro que no hay bien que por mal no venga. Cuando le reprochen al PP que sube los impuestos locales, don Mariano siempre podrá sacar el estandarte de Esperanza. Y decir: con una mano te lo quito, con otra te lo doy. Alabado seas, Señor. Y que viva la coherencia.