TODO PARECE indicar que el Pentágono ha decidido competir con Hollywood en la fabulación de historias bélicas. Quizá por ello se apresuró a convertir en heroína a Jessica Lynch, la joven de 20 años que simbolizó la entrega y el valor de los soldados estadounidenses, después de que fuese apresada por iraquíes y posteriormente liberada por un comando americano. Pero Jessica no se ha resignado a aceptar el guión que le habían escrito y ha puesto patas arriba la historia de una manipulación más: «No soy una heroína. Los héroes son mis compañeros que murieron en la emboscada, los que estaban cerca, los que me rescataron. Yo sólo soy una superviviente». La versión oficial afirmaba que se había revuelto como una pantera y que luchó hasta agotar su munición. Jessica ha confesado ahora que no disparó ni una bala porque el arma se le atascó. «O sea que no luchaste como Rambo», le preguntó la periodista Diane Sawyer para el programa Primetime que emitirá mañana, martes, la cadena de televisión ABC (la cual facilitó un adelanto de la entrevista). La joven militar, que se recupera de una lesión en la columna y de insensibilidad en la pierna izquierda, respondió: «No, me puse a rezar de rodillas y eso es lo último que recuerdo». De modo que ni armas de destrucción masiva, ni heroína incontestable, ni pacífica posguerra (un helicóptero Black Hawk, verdadera joya de combate, fue abatido este viernes en Tikrit), ni rápida reconstrucción del país, ni democracia modélica en la zona, ni idea de qué parte es cierta en todo ese galimatías que se llama «progresiva normalización». Con casi 150 muertos en combate desde que el pasado 1 de mayo George Bush declaró el fin de la guerra, todo parece indicar que lo menos próximo es esa normalización presidida por la paz que, según halcones como Rumsfeld, Wolfowitz o Kagan, iba a imperar de un modo natural después de la gran batalla. Lo único que se está cumpliendo es el principio de que la primera víctima de la guerra es la verdad. En lugar de ésta, impera la manipulación grosera, como ha descubierto pasmada Jessica Lynch. Hay que agradecerle su rebelión. Paradójicamente, es ya una heroína de la verdad.