EN LA ANTIGUA Babilonia, país del Éufrates y el Tigris, se está produciendo un curioso fenómeno; los perdedores de la guerra contraatacan y los vencedores resisten como pueden, aplicando la estrategia de «el que resiste gana». Para hacer un breve análisis de la situación estratégica de Irak, hay que reconocer en primer lugar quiénes son los bandos enfrentados, después hay que saber qué quieren y finalmente lo que pueden hacer. En Irak se han concentrado las fuerzas islámicas anti-norteamericanas dispuestas a dar la batalla humillante al enemigo. Son grupos guerrilleros fuertemente armados, cuyo objetivo es destruir la moral de las fuerzas invasoras y romper sus lazos con la población civil iraquí. Esto no quiere decir que lo vayan a conseguir, porque esos ejércitos tienen tras de sí todo el poder de las naciones más avanzadas del mundo. Después del 11-S, Estados Unidos no estaría dispuesto a sufrir otra humillación, por muchas bajas que le produzcan. Por eso los norteamericanos no tienen otra estrategia que resistir. El hecho de que fuesen capaces de derribarles un helicóptero CH- 47 Chinook , con cuarenta soldados a bordo, demuestra varias cosas: que tienen información, luego están organizados militarmente; que disponen de medios sofisticados, posiblemente misiles portátiles, rusos o americanos, que ellos mismos les entregaron para la lucha contra otro invasor en Afganistán (los rusos) y ahora los utiliza Al Qaeda; que se trata de una batalla psicológica para ganar el apoyo de la población civil iraquí y debilitar la opinión publica norteamericana que presione a la Casa Blanca, para que retire sus tropas en tiempo de elecciones. ¿Quién es pues la resistencia? La lucha será dura y tenaz, con una guerra de guerrillas a la que tendrán que enfrentarse por lo menos un año. Tiempo necesario para que se consolide el nuevo Gobierno de Irak que salga de unas elecciones, que disponga del apoyo popular y de un ejército propio, junto con el control de los recursos petrolíferos para dar a Irak la soberanía de su Estado. Pero de lo que podemos estar seguros es de que no van a volver Sadam ni sus correligionarios. Así lo han reconocido los países islámicos reunidos en Damasco la semana pasada.