Aquí pasa algo raro

| ARTURO MANEIRO |

OPINIÓN

04 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

HACE pocos días conocimos la historia de un matrimonio canario, ambos invidentes, que acabaron en la cárcel por querer adoptar a un niño en Chile, previo pago de una considerable suma de euros. No repararon en peligros ni viajes por tener un hijo. Han vivido esta aventura porque en España no es posible adoptar un bebé, no hay bebés en adopción, son un bien muy escaso. Hay mucha demanda y poca oferta. Por otra parte, nos encontramos con el hecho de que en España hay muchas madres que rechazan a sus hijos antes de nacer, no quieren ni ver la ecografía. Van a una clínica y por unos miles de euros desaparece el problema de forma radical, eficaz, en un ambiente aséptico, higiénico. Cualquiera se puede tropezar en una clínica con el folleto de una campaña sobre donación de óvulos «de mujer a mujer» destinados a la procreación artificial en Galicia. En este caso, casi se puede hablar de una adopción previa a la vida, de un hijo de laboratorio, que está formado por genes de una madre desconocida y, en muchas ocasiones, también por un padre desconocido. Suena todo un poco raro. Hace poco, otros padres de Madrid consiguieron que el juez declarase que habían sufrido un «embarazo inesperado». Una sentencia que deja sentado de forma oficial, y en público documento, que la hija, a sus nueve añitos cumplidos, es una niña no deseada por sus padres. Nos encontramos así con la primera hija viva no deseada oficialmente, por sentencia judicial. Aunque el juez condena al médico a pagar la manutención, parece un coste muy elevado para el sentimiento que pueda tener la niña dentro de unos años. También en Valencia, la Sanidad Pública fue condenada este verano a indemnizar a unos padres por no advertirles de la posibilidad de que el hijo que estaba gestando la madre podría tener síndrome de Dowm, con el fin de que optaran por tenerlo o por eliminarlo. Al privarles de esta opción, la medicina debe indemnizar. A mediados de octubre, la Fundación Jiménez Díaz había logrado efectuar una selección humana con éxito: de todos los posibles hijos fecundados in vitro , habían eliminado a los enfermos o con riesgo de desarrollar una tara y sólo sacaron adelante al que consideraban sano. Le denominaron oficialmente «diagnóstico genético preimplantacional». Lógicamente este sistema es una derivación de la procreación en laboratorio. Aseguran que se sienten orgullosos de esta selección humana. A partir de ahí también podrán llegar a ser rubios, de ojos azules, altos, fuertes. Cada matrimonio podría elegir las características de sus hijos/hijas. Se ve que unos quieren tener hijos y no pueden. Otros pueden tenerlos pero no quieren, y si aparece le dan pasaporte. Unos hacen lo imposible por tenerlos, aunque sean de laboratorio y a otros no les importa dejar constancia oficial de que no querían el hijo que nació. Unos están dispuestos a cuidar a sus hijos sean como sean, pero otros sólo quieren tenerlos sanos. Aquí pasa algo raro. Es como si la vieja tentación de controlar la vida humana reapareciese de manera periódica a lo largo de la historia. Conclusión: hay que hacer un homenaje a los padres normales; a los que se alegran con los hijos que les nacen; a las familias que acogen niños crecidos y problemáticos; a los que adoptan chavales que nadie quiere. Porque estas familias heroicas son más y no salen en la tele.