Lágrimas

E. GONDREDO

OPINIÓN

LA ÚNICA diferencia entre el consejero delegado de Sony y sus colegas de las grandes multinacionales es que él llora. Pero los efectos son los mismos. Las megaempresas no tienen corazón, sino cartera; ni contratan personas, sino costes salariales. Él llora, pero mucho más llorarán los 20.000 despedidos, enviados al paro por haber hecho bien su trabajo.