LA RELACIÓN política BNG-PSOE no es desde luego fácil. Pero parece que debería ser sometida, por enema de los pactos locales, a criterios generales de una cierta duración y extensión, orientados táctica y estratégicamente a un final buscado por ambos. De no hacerse así seguirán proliferando los personalismos y las inconsecuencias. El espectáculo de pedir cabezas como condición irrenunciable para seguir hablando resulta tan proclive al acuerdo como suprimir el sueldo a los concejales del grupo antes aliado y ahora enfrentado. Parecen improvisaciones sin tino. Churchill, al que hoy llamaríamos «tránsfuga» por pasarse de los conservadores a los laboristas tras haber dicho de estos últimos que su primer representante fue Colón, que «no sabía a dónde iba ni a dónde había llegado en su viaje, que le habían pagado los otros», gustaba de decir también: «Las improvisaciones me entusiasman, pero sólo si las he preparado cuidadosamente».